Amigos,
Mientras el reloj avanza inexorablemente a la apertura anunciada de nuestras fronteras al maíz, frijol, leche en polvo y azúcar importados, numerosas voces se alzan para alertar sobre los efectos negativos de dicha medida, mientras organizaciones se alistan a movilizarse para protestar por la negligencia, ignorancia y omisiones del gobierno mexicano.
Gobernadores, prelados católicos, defensores de derechos humanos, dirigentes campesinos, senadores, Heladio Ramírez López exdirigente de la priísta Confederación Nacional Campesina y hasta empresarios agrícolas de Guanajuato anuncian movilizaciones, amparos frente al TLC y actividades frente al desastre que esta apertura vaticina.
El gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, aseguró que hay consenso entre sus homólogos de distintos partidos para que se revise el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Previó que ante la inminente liberalización del comercio de granos en un contexto de incertidumbre del mercado, podría producirse una ola de protestas e inestabilidad social, derivado de la obvia desventaja competitiva del campesinado mexicano frente a los agricultores subsidiados de Estados Unidos y Canadá.
En León, Guanajuato, el arzobispo José Guadalupe Martín Rábago exigió a las autoridades que asuman "su responsabilidad" de apoyar a los campesinos que serán afectados con la desgravación arancelaria. Lo mismo hicieron la Red Todos los derechos para todos, disidentes del magisterio y diversas organizaciones campesinas.
Analistas de Estados Unidos alertan sobre el incremento a la migración mexicana a ese país, a partir de la agudización de la actual crisis del campo. Incluso recomiendan que para frenar este impacto, México podría entrar junto a Canadá en la demanda que han interpuesto productores de ese país en la OMC contra las prácticas dumping de los productores norteamericanos, para ganar tiempo.
Ramírez López anunció la formación de un Frente nacional de legisladores rurales, que hasta ahora no hizo un trabajo legislativo consistente para frenar la entrada en vigor del capítulo agropecuario del TLC, sino que sólo se concentró en las reglas de operación del presupuesto, bajo la tradicional práctica de la CNC de asegurar apoyos a sus bases para garantizar votos para el PRI. Tarde, Ramírez López anuncia propuestas y acciones legislativas para actuar frente al inminente desastre.
Cientos de productores de Guanajuato se ampararán contra la entrada en vigor del capítulo agropecuario del TLC, arguyendo la inconstitucionalidad de la medida que afecta la seguridad nacional.
http://www.jornada.unam.mx/2007/12/31/index.php?section=politica&article=007n1pol
Numerosos expertos han descrito y documentado los impactos negativos del TLC, sus falsas promesas y los posibles efectos que esta apertura total de fronteras tendrá para nuestro país: por ejemplo, Felipe Torres, integrante del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, apunta que "la desgravación en 2008 de cuatro productos "sensibles" mostrará los desequilibrios de la estructura agrícola mexicana que en 13 años no se corrigieron, mismos que podrían derivar en aumento en los precios de productos básicos y riesgos sociales, "porque ni en Filipinas hay los niveles de pobreza que se viven aquí".
"El Estado dejó de actuar para aminorar las desigualdades con los productores de Estados Unidos y Canadá, los cuales absorben 87 por ciento de las exportaciones agroalimentarias de México y generan 79 por ciento de sus importaciones; desmanteló el sistema crediticio; no hizo nada para evitar el mal uso de los subsidios –aunque en el país la agricultura recibe apenas 5 por ciento, mientras en Estados Unidos se entrega 50 por ciento–; no propició la inversión privada en el sector; abandonó la capacitación e investigación; no construyó infraestructura y menospreció el establecimiento de una política de seguridad alimentaria basada en posibilidades reales de la tierra. Y aunque en los dos pasados años aumentó el presupuesto para el campo, éste es insuficiente, ya que para mitigar la crisis se necesitarían al menos 350 mil millones de pesos, casi el doble de lo que se ejercerá en 2008" dijo el investigador.
Por su parte, la Secretaría de agricultura (Sagarpa) reconoce que sólo 6 de 100 productores agrícolas mexicanos son "competitivos" http://www.jornada.unam.mx/2007/12/31/index.php?section=politica&article=008n1pol
pero en un boletín de prensa fechado el 29 de diciembre llama a "enfrentar unidos la apertura comercial total del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica" y refrenda una política de "puertas abiertas" ¡cuando han ignorado TODOS los llamados a la acción para proteger la producción agrícola nacional!!
http://www.sagarpa.gob.mx/cgcs/boletines/2007/diciembre/B278.htm
La Secretaría de Economía (SE), quien junto con la Sagarpa tiene atribuciones legales para actuar en defensa de la producción campesina nacional, ha declarado que "la desgravación a la importación de maíz, frijol, azúcar y leche en polvo no representa un riesgo ni afectará a los campesinos ya que no habrá una competencia abierta con los agricultores de Estados Unidos y Canadá".
Rocío Ruiz Chávez, subsecretaria de Industria y Comercio de la SE, asegura que "no existen motivos para esperar que la apertura afecte a los productores nacionales. No existe evidencia de que a partir de enero de 2008 México se vea inundado por maíz amarillo estadunidense, al contrario la producción de etanol representa una oportunidad de exportaciones para los mexicanos".
La funcionaria dijo: el maíz es el menor problema, "no es nuestra principal preocupación". Descartó que el gobierno vaya a adoptar medidas proteccionistas y aclara que se diseñará e instrumentará una política de apoyo a la producción doméstica. El papel de la SE en este proceso es hacer una "defensa exitosa del mercado y aprovechar las oportunidades que se presenten con la apertura".
Para el maíz, menciona, se buscará el incremento en la producción de grano blanco y amarillo mediante la tecnificación del riego, la ampliación de nuevas tecnologías, acceso a insumos a precios competitivos, esquemas de financiamiento, administración de riesgos y reconversión productiva. Para conseguirlo se está haciendo una planeación estatal y regional a fin de hacer llegar la producción de maíz a centros de consumo y conservarla durante la época de escasez, ya que el superávit se localiza en el noroeste del país y el mayor déficit en el centro.
Para fortalecer el abasto de maíz blanco orientado a la elaboración de tortilla se deberá aprovechar el potencial del centro y sur-sureste del país, y fortalecer la producción de maíz amarillo para atender al sector pecuario y a la industria mediante la planeación y ordenamiento del mercado; la integración de unidades productivas rentables; el desarrollo de capacidades organizativas, técnicas gerenciales de los productores; modernización del campo; impulso al valor agregado y el aprovechamiento de mercado de los subproductos de manera eficiente.
http://www.jornada.unam.mx/2007/12/31/index.php?section=politica&article=006n1pol
La desgracia es que las buenas intenciones tardías de la Secretaría de Economía DEBERÍAN haberse implementado hace años y deberían estar apoyadas por un presupuesto, con el que el campo mexicano no cuenta!
Por su parte, los productores norteamericanos de maíz agrupados en la National Corn Growers Association celebran que en este 2007 " el departamento de agricultura de Estados Unidos (USDA) publicará este enero 11 sus cifras de producción de maíz, que estimacines calculan en 13.2 miles de millones de bushels , conviertiéndose en la cosecha más grande jamás levantada en ese país. Ademáss, establecieron también un record en la exportación del grano: de acuerdo a cifras de USDA la proyección de las exportaciones para el periódo 2007-08 se mantienen en 2.45 miles de millones de bushels. "Con un nuevo tratado de libre comercio con Perú y otros por venir, así como la importación libre a México a partir del 1ro de enero, los exportadores norteamericanos ahora tienen más oportunidades para exportar".
Los invitamos a permanecer pendientes en las próximas horas de las acciones que varios compañeros emprenderán en las fronteras en Tijuana y Ciudad Juárez, así como en otros puntos del país.
Les pedimos se mantengan pendientes a llamados de acciones solidarias de apoyo.
¡Unidos por el maíz, en la defensa del país!
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A unas horas de colocar una muralla humana en la frontera entre Ciudad Juárez, Chihuahua, y El Paso, Texas, las organizaciones campesinas que integran la campaña nacional en defensa de la soberanía alimentaria y la reactivación del campo mexicano Sin maíz no hay país y sin frijol tampoco, señalaron que por ningún motivo permitirán que ni una tonelada de granos proveniente de Estados Unidos y Canadá ingrese a México.
Víctor Suárez, de la Asociación Nacional de Empresas Productoras del Campo, advirtió que la acción que dará inicio a partir del primer minuto de 2008 desencadenará una serie de manifestaciones en rechazo a la entrada en vigor del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio Para América del Norte (TLCAN), y adelantó que conformarán el 14 de enero una gran alianza con agrupaciones sociales, así como una posterior marcha nacional en rescate de la nación.
Convocó a agrupaciones magisteriales, movimientos indígenas y en defensa del petróleo a sumarse a esta protesta, en la cual, además, dijo, se hará patente que el gobierno de Felipe Calderón rechaza atender las demandas de los campesinos, igual que los integrantes del Congreso de la Unión.
Manifestó que en enero se producirán más acciones en diversas partes del país, de manera sincronizada, como parte de la jornada nacional por la reactivación del campo, en defensa de la soberanía alimentaria y de la nación.
Por lo pronto, se espera que el primer minuto de este martes, otro grupo realice pintas en el muro de Tijuana, contra la apertura de las fronteras a productos agropecuarios de Estados Unidos y Canadá.
El ex diputado federal insistió en que la situación económica, política y social de México se encuentra en riesgo, por lo que es necesario fortalecer la lucha. Advirtió que las protestas se desarrollarán de manera pacífica, y anticipó que cualquier acto de intimidación o agresión contra quienes participen en la muralla humana será responsabilidad de Felipe Calderón. Dejó en claro que la protesta de las organizaciones también será contra la ampliación del muro antinmigrante.
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Senadores advirtieron que revisarán y buscarán que se renegocie el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. (Excélsior, p. 5)
El gobierno mexicano ha gastado alrededor de 110 mil millones de dólares en importación de granos desde que firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, lo que ha creado una dependencia alimentaría externa, recriminó Heladio Ramírez López, líder del Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural. La frágil soberanía alimentaría, advirtió en un comunicado, correrá un mayor riesgo con la desregulación del capítulo agropecuario del TLCAN, a partir del primer día de 2008. (Reforma, p. 4)
El gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, aseguró que hay consenso entre sus homólogos de distintos partidos para que se revise el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. (La Jornada, p. 3)
La entrada del apartado agrícola del Tratado de Libre Comercio de América del Norte disparará la migración a Estados Unidos, advirtieron investigadores de México y de nuestro vecino del norte, por lo que ambos gobiernos deben buscar oportunidades para invertir en las comunidades rurales, a través del crédito, asistencia técnica y el desarrollo de infraestructura. (Reforma, p. 4)
La falta de justicia y la exclusión de los grupos pequeños en el sistema económico han sido la tónica hacia el campo, el cual se va deteriorando cada vez más, alertó Raúl Vera López, obispo de Saltillo. "Es la tónica, es lo que ha beneficiado (incluso) el Tratado de Libre Comercio; esa es la tónica del sistema económico actual, apoyar a las grandes fortunas y abandonar a los pequeños", subrayó. (Reforma, p. 4)
Con el arribo de 2008, los 300 mil productores de frijol del país estarán en desigual competencia por la desgravación total de las importaciones agropecuarias dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, advirtieron expertos y dirigentes del sector, mientras que autoridades agropecuarias rechazan que el impacto sea negativo o inmediato. (El Universal, p. 18, Secc. A)
El delegado de la Sagarpa en Zacatecas, Leonel Cordero Lerma, admitió que en México no se ha logrado consolidar un esquema efectivo para comercializar el frijol y acabar con el coyotaje, y dijo que las organizaciones creadas por los campesinos "en muchas ocasiones son movidas por intereses partidistas". (El Universal, p. 18, Secc. A)
En los primeros minutos del primero de enero, campesinos integrados en diferentes organizaciones iniciarán un plantón a la mitad del puente internacional Córdova-Las Américas, el más transitado en la frontera de Ciudad Juárez, Chihuahua, para protestar por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en lo que se refiere al maíz blanco y al frijol que afectará a los agricultores. (El Universal, p. 18, Secc. A)
En un documento de la Confederación Nacional Campesina, su dirigente, Cruz López, explica que cuando se firmó el TLCAN, los países socios recibían un subsidio del 18 por ciento y ahora ese apoyo llega hasta el 50 por ciento. "Lo que quiere decir que si un productor estadounidense recibe del gobierno alrededor de 20 mil dólares, el mexicano sólo cuenta con 770 dólares", refiere el texto. (El Centro, p. 13)
Tras reconocer que el campo ya no es una opción de vida, el dirigente de la Unión Campesina Emiliano Zapata, Arturo Hernández Cardona, anunció que el año 2008 iniciará con una cantidad importante de movilizaciones en protesta por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, manifestaciones, aseguró, a las que se habrán de sumar miles de productores del estado de Guerrero. (El Sol de México, p. 2, Secc. B)
En 1994, cuando arrancó el acuerdo comercial trilateral entre México, Canadá y Estados Unidos, la apertura total del sector agropecuario –programada para 2008- se veía lejana. Los productores del campo consideraron que tenían tiempo suficiente para alcanzar niveles competitivos cuando llegara esa fecha…pero se olvidaron de ese propósito. Tampoco el gobierno hizo su trabajo. La Confederación Nacional Campesina habla de crisis para un millón 400 mil productores que estarían en riesgo de desaparecer. (El Centro, p. 12)
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Exigen blindaje para el campo / Reforma, 31 de diciembre, 2007.
Aumenta 50 por ciento importación de granos tras firma de TLCAN, critica frente agrario
El gobierno mexicano ha gastado alrededor de 110 mil millones de dólares en importación de granos desde que firmó el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), creando así una dependencia alimentaría externa, recriminó ayer Heladio Ramírez López, líder del Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural.
La frágil soberanía alimentaria, advirtió en un comunicado, correrá un mayor riesgo con la desregulación del capítulo agropecuario del TLCAN, a partir del primer día del 2008.
El ex líder de la Confederación Nacional Campesina (CNC) recordó que la dependencia alimentaria de México oscilaba en 19 por ciento tras la firma del TLCAN, en 1994.
"Hoy rebasa ya el 50 por ciento de la producción nacional. Para cubrir este déficit, México ha gastado en lo que va del TLCAN más de 110 mil millones de dólares, tan sólo en importación de alimentos", sostuvo.
Los efectos de la importación de granos, dijo, han golpeado el cultivo de arroz, cuya dependencia del mercado mexicano alcanzó 75 por ciento; el trigo, 57 por ciento; la soya, 98 por ciento, y el maíz , 23 por ciento.
Ramírez manifestó que México necesita crear una 'Farm Bill', similar a la que opera en Estados Unidos y Canadá, para blindar su autonomía alimentaria.
El también senador priista -presidente de la comisión de Desarrollo Rural- crítico que el actual gobierno incumpliera lo estipulado en el artículo 233 del Acuerdo Nacional para el Campo (ANC), de gestionar una revisión de ese capítulo del tratado comercial.
"La situación de 30 millones de mexicanos que viven del sector será insoportable, y lo más grave de esta realidad es que existe certeza de que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea van a aumentar los subsidios a sus productores.
"Eso ocurrirá justo cuando México abrirá totalmente las fronteras a las importaciones de maíz, frijol, leche y caña de azúcar, sin pago alguno de arancel", señaló.
Calificó de diametral la desventaja de un productor mexicano que recibe al año un subsidio de 720 dólares, en relación a la Unión Europea, que otorga 16 mil dólares; Estados Unidos, 20 mil, y Japón, 24 mil dólares.
"Los muros y subsidios de los Estados Unidos van de la mano: los subsidios nos empobrecen y los muros nos aíslan", resaltó.
La realidad en el campo mexicano, advirtió, transita hacia un clima de incertidumbre que habrá de generar movimientos migratorios y ampliará la brecha de la pobreza.
"Es necesaria la comprensión de nuestros socios comerciales, así como de los organismos financieros internacionales. México demanda justicia, equidad y reciprocidad en el tratado comercial".
Desde el ámbito legislativo, añadió, se promoverá una Ley de Planeación, presupuestos multianuales, y nuevas leyes agrarias para garantizar la tenencia de la tierra y las inversiones hacia el campo.
lunes 31 de diciembre de 2007
jueves 27 de diciembre de 2007
The story of stuff
La siguiente dirección http://www.storyofstuff.com/, nos presenta una muy interesante explicación de lo que está pasando ahora en nuestro mundo, así como posibles alternativas.
El medio ambiente, la producción, la distribución y el consumo, así como los supuestos e intereses que están detrás de estos elementos, son temas del documento, el cual está realizado de manera muy didáctica y amena.
Lo malo es que está en inglés, pero creo que vale la pena hacer un esfuerzo o verlo en grupo y/o con alguien que pueda ir traduciendo el contenido.
El medio ambiente, la producción, la distribución y el consumo, así como los supuestos e intereses que están detrás de estos elementos, son temas del documento, el cual está realizado de manera muy didáctica y amena.
Lo malo es que está en inglés, pero creo que vale la pena hacer un esfuerzo o verlo en grupo y/o con alguien que pueda ir traduciendo el contenido.
miércoles 19 de diciembre de 2007
“Si el hambre es ley rebelión es justicia.”
El documento que publicamos a continuación nos lo enviaron del Proyecto Planeta Paz de Colombia, acompañado por la siguiente nota:
Creemos que es una buena oportunidad para que el Colectivo Peninsular Ko'one'ex táan, inicie vinculaciones con otras organizaciones que se están planteando y viviendo procesos similares al de nosotros y de las cuales podemos, sin duda, aprender mucho.
LA CONSOLIDACIÓN DE UNA INDEPENDENCIA ALIMENTARIA.
“Si el hambre es ley rebelión es justicia.”
Según estadísticas de la FAO en el 1970, 918 millones de personas sufrían de hambre, en 1997 fueron 791 millones y en 1998 727, sin embargo desde el 1998 en adelante la estadística subió continuamente, hasta llegar al 2002 con 820,2 millones (FAO 2005) El 95% de los muertos por hambre en el mundo son debido a la pobreza . En Colombia la población que sufre de hambre crónica o oculta (deficiencia de micro nutrientes) está en continuo aumento
Esta tendencia generalizada de carácter mundial en el crecimiento del hambre es un índice que señala la mala utilización y distribución de los recursos naturales entre la población, provocando un aumento general de la pobreza y la exclusión social.
Los enfoques económicos han ido de la mano con las decisiones políticas de los gobiernos bajo una idea construida del desarrollo que no involucra aún aspectos sociales, culturales y políticos, de tal forma que en países como Colombia se ha terminado apoyando el planeamiento de megaproyectos como la siembra de productos agrícolas para producir biocombustible, el modelo de producción extensiva de los monocultivos, la implementación de tecnología OGM para la siembra de productos como el maíz, la privatización de los recursos ambientales y naturales, la concentración de tierra para la ganadería, la implementación de políticas de erradicación y fumigación de los cultivos ilícitos, el IRSA (fluviabilidad del eje andino) y la cuenca del amazonas.
Como parte de estos proyectos que debían conducir hacia el desarrollo aparecen en el siglo XX los proyectos para controlar aspectos del ciclo alimentario y enfrentar el continuo aumento demográfico y su relación con el crecimiento de los recursos, de tal forma que se promueven como las soluciones al problema del hambre y la malnutrición. Aparecen así programas de promoción de la agricultura extensiva que se promovían como la solución al problema del hambre con el uso de fertilizantes y pesticidas que intensificaban la cantidad de la producción al amparo de la revolución científica y química.
La entonces llamada “Revolución Verde” incrementó la producción de alimentos, al tiempo que generaba una mayor demanda por parte de la población. Aquello que parecía ser un triunfo de la tecnología provoca una serie de problemas que van desde el impacto de los químicos en el equilibrio de los suelos, hasta la dependencia de los cultivadores de la compra constante y creciente de insumos químicos a las grandes multinacionales y el impacto de los mismos en la salud humana. Hoy en día se habla ya de una “segunda revolución verde” que consiste en la apropiación del material genético y sus modificaciones por parte de la industria, generando una nueva dependencia de las multinacionales que controlan el manejo de estas nuevas tecnologías por parte de los agricultores, nuevamente en nombre de la eficiencia y el rendimiento vendidos como la solución al problema del hambre en el mundo. Gracias a este poder conferido a las multinacionales, se permite el monopolio sobre el mercado alimentario y la destrucción del equilibrio de la economía campesina.
En Colombia, la apertura económica de los años 90 genero una dependencia de los precios de productos alimentarios de los mercados internacionales causando prejuicios a la población que debió gastar más dinero para comprar la misma cantidad de comida, solo en el 2006 el precio de los productos básicos alimenticios como la panela aumento el 83,07 %
De esta manera, es importante aclarar que el problema alimentario no es un problema aislado, viene ligado a problemas de perdida de identidad cultural, mal uso y tenencia de la tierra, abusos y violaciones de los DDHH (como el desplazamiento y la violencia interna), garantización de los servicios públicos fundamentales, violencia familiar y presencia del conflicto armado.
A pesar de esta situación, es importante recordar que la base del consumo alimentario que abastece hoy en día a una ciudad como Bogotá de mas de siete millones de habitantes descansa en la capacidad productiva de las familias campesinas del país, los miles de actores y actoras formales e informales y la redes sociales que estos han construido; son quienes hacen posible, con errores y aciertos, que la comida sea producida, transformada, transportada, comercializada y consumida en Colombia.
El Proyecto Planeta Paz viene trabajando el tema alimentario en clave de construcción de política pública desde hace ya cuatro años. En este tiempo se ha apoyado la construcción de una serie de redes que a lo largo del país vienen discutiendo los posibles lineamientos de una política pública en Seguridad Soberanía y Autonomía Alimentaria; construida desde los parámetros y experiencias de acciones colectivas que han permanecido en territorios o localidades determinadas y que bajo diferentes formas colectivas u organizativas han construido perspectivas públicas de decisiones políticas sobre el tema alimentario a los cuales llamamos procesos sociales en marcha.
Es desde la posibilidad que estas experiencias nos han mostrado que se construye la posibilidad efectiva de construir política pública alimentaria desde los sectores sociales populares y es en estos escenarios que se ha discutido la necesidad de ampliar las decisiones políticas sobre el tema, sobrepasando en concepto de Seguridad alimentaria para llegar a los de Soberanía, entendida como el poder en la toma de las decisiones y Autonomía como la posibilidad efectiva de controlar dichas decisiones desde la siembra hasta el consumo.
Creemos que la construcción integral de estos tres puntos permitirá resolver gran parte de los conflictos del tema alimentario en el país y ello convoca a resolver el asunto desde la construcción de un nuevo modelo de desarrollo; que respete las formas diversas de ser y existir, que respete la fragilidad de nuestra diversidad ecosistémica, que privilegie el desarrollo humano al crecimiento económico y que no solo se plantee el tema alimentario en términos de acabar con el hambre y la miseria, sino que busque resolver los problemas de inequidad y exclusión social.
Como consolidación organizativa para la construcción de lineamientos de política pública en Seguridad Soberanía y Autonomía alimentaria surge la propuesta de organizar una red que permitiera fortalecer los lazos entre las organizaciones rurales y urbanas, los circuitos económicos locales y regionales, las tradiciones alimentarias, las economías campesinas y la agricultura urbana, como parte de la reivindicación y defensa de las identidades populares.
Hoy en día en esta red de redes hemos podido identificar y visibilizar 109 procesos en marcha en varias regiones del país, así como las particularidades sociales, culturales, políticas, ecosistémicas y económicas de cada una de ellas. Se ha logrado consolidar estos lazos mediante la interacción de los diferentes procesos a través de reuniones, talleres, conferencias y debates, pero también en el intercambio de experiencias mediante visitas entre procesos, almuerzos colectivos y ollas comunitarias. Actividades y propuestas concertadas que se difunden mediante publicaciones físicas y virtuales a la mayor cantidad posible de miembros de la red, quienes a su vez se comprometen a replicar localmente las experiencias y saberes compartidos.
Los procesos y organizaciónes que han confluido en la red han destacado la importancia de la conservación del medio ambiente, los cultivos orgánicos, el respeto al ser humano y la naturaleza, la necesidad de desarrollar un sistema local de producción y mercado integral desde los sistemas alimentarios locales, regionales y nacionales construidos históricamente. En la construcción de esta red ha sido muy importante discutir y afrontar el tema colectivamente, teniendo en cuenta las propuestas que se acercan mas a la realidad de la población y que son presentadas y ejecutadas por ellos mismos. Creemos que la red de redes es un instrumento útil para involucrar nuevas personas, discutir problemas comunes y hacer nuevas propuestas y planes de acción desde lo local hacia lo regional y nacional.
La organización Planeta Paz trabaja hace cuatro años con procesos sociales en marcha y otras organizaciones locales y nacionales hacia la construcción de políticas públicas territorializadas de seguridad, soberanía y autonomía alimentaria. Este trabajo se ha consolidado con el apoyo y fortalecimiento de la capacidad de interacción entre estos procesos y organizaciones en forma de red, mejorando su capacidad para circular información, compartir experiencias y saberes y actuar colectivamente en la formulación de propuestas políticas comunes a escalas locales y regionales, con la posibilidad siempre abierta a que otros participen. La necesidad de la construcción y de la difusión de esta red surge también por la falta de información sobre los proyectos, las propuestas que las organizaciones hacen y como ellas están adelantando el proceso.
Es por ello que estamos contactando organizaciones y movimientos populares que están trabajando y luchando para la defensa de la población en términos de salud, independencia productiva, protección del medio ambiente y biodiversidad, acceso y control público y equitativo de los recursos naturales, respeto por los derechos humanos, equidad de géneros y justicia social.
Si ustedes piensan como nosotros que es necesario conectar esta red para intercambiar información y fortalecer las propuestas políticas que impulsamos, las invitamos a contactarse con nosotros a los siguientes correos.
julianamillan@yahoo.com
federica.raffaelli@hotmail.it
conlacomidanosejuega@planetapaz..org
Creemos que es una buena oportunidad para que el Colectivo Peninsular Ko'one'ex táan, inicie vinculaciones con otras organizaciones que se están planteando y viviendo procesos similares al de nosotros y de las cuales podemos, sin duda, aprender mucho.
LA CONSOLIDACIÓN DE UNA INDEPENDENCIA ALIMENTARIA.
“Si el hambre es ley rebelión es justicia.”
Según estadísticas de la FAO en el 1970, 918 millones de personas sufrían de hambre, en 1997 fueron 791 millones y en 1998 727, sin embargo desde el 1998 en adelante la estadística subió continuamente, hasta llegar al 2002 con 820,2 millones (FAO 2005) El 95% de los muertos por hambre en el mundo son debido a la pobreza . En Colombia la población que sufre de hambre crónica o oculta (deficiencia de micro nutrientes) está en continuo aumento
Esta tendencia generalizada de carácter mundial en el crecimiento del hambre es un índice que señala la mala utilización y distribución de los recursos naturales entre la población, provocando un aumento general de la pobreza y la exclusión social.
Los enfoques económicos han ido de la mano con las decisiones políticas de los gobiernos bajo una idea construida del desarrollo que no involucra aún aspectos sociales, culturales y políticos, de tal forma que en países como Colombia se ha terminado apoyando el planeamiento de megaproyectos como la siembra de productos agrícolas para producir biocombustible, el modelo de producción extensiva de los monocultivos, la implementación de tecnología OGM para la siembra de productos como el maíz, la privatización de los recursos ambientales y naturales, la concentración de tierra para la ganadería, la implementación de políticas de erradicación y fumigación de los cultivos ilícitos, el IRSA (fluviabilidad del eje andino) y la cuenca del amazonas.
Como parte de estos proyectos que debían conducir hacia el desarrollo aparecen en el siglo XX los proyectos para controlar aspectos del ciclo alimentario y enfrentar el continuo aumento demográfico y su relación con el crecimiento de los recursos, de tal forma que se promueven como las soluciones al problema del hambre y la malnutrición. Aparecen así programas de promoción de la agricultura extensiva que se promovían como la solución al problema del hambre con el uso de fertilizantes y pesticidas que intensificaban la cantidad de la producción al amparo de la revolución científica y química.
La entonces llamada “Revolución Verde” incrementó la producción de alimentos, al tiempo que generaba una mayor demanda por parte de la población. Aquello que parecía ser un triunfo de la tecnología provoca una serie de problemas que van desde el impacto de los químicos en el equilibrio de los suelos, hasta la dependencia de los cultivadores de la compra constante y creciente de insumos químicos a las grandes multinacionales y el impacto de los mismos en la salud humana. Hoy en día se habla ya de una “segunda revolución verde” que consiste en la apropiación del material genético y sus modificaciones por parte de la industria, generando una nueva dependencia de las multinacionales que controlan el manejo de estas nuevas tecnologías por parte de los agricultores, nuevamente en nombre de la eficiencia y el rendimiento vendidos como la solución al problema del hambre en el mundo. Gracias a este poder conferido a las multinacionales, se permite el monopolio sobre el mercado alimentario y la destrucción del equilibrio de la economía campesina.
En Colombia, la apertura económica de los años 90 genero una dependencia de los precios de productos alimentarios de los mercados internacionales causando prejuicios a la población que debió gastar más dinero para comprar la misma cantidad de comida, solo en el 2006 el precio de los productos básicos alimenticios como la panela aumento el 83,07 %
De esta manera, es importante aclarar que el problema alimentario no es un problema aislado, viene ligado a problemas de perdida de identidad cultural, mal uso y tenencia de la tierra, abusos y violaciones de los DDHH (como el desplazamiento y la violencia interna), garantización de los servicios públicos fundamentales, violencia familiar y presencia del conflicto armado.
A pesar de esta situación, es importante recordar que la base del consumo alimentario que abastece hoy en día a una ciudad como Bogotá de mas de siete millones de habitantes descansa en la capacidad productiva de las familias campesinas del país, los miles de actores y actoras formales e informales y la redes sociales que estos han construido; son quienes hacen posible, con errores y aciertos, que la comida sea producida, transformada, transportada, comercializada y consumida en Colombia.
El Proyecto Planeta Paz viene trabajando el tema alimentario en clave de construcción de política pública desde hace ya cuatro años. En este tiempo se ha apoyado la construcción de una serie de redes que a lo largo del país vienen discutiendo los posibles lineamientos de una política pública en Seguridad Soberanía y Autonomía Alimentaria; construida desde los parámetros y experiencias de acciones colectivas que han permanecido en territorios o localidades determinadas y que bajo diferentes formas colectivas u organizativas han construido perspectivas públicas de decisiones políticas sobre el tema alimentario a los cuales llamamos procesos sociales en marcha.
Es desde la posibilidad que estas experiencias nos han mostrado que se construye la posibilidad efectiva de construir política pública alimentaria desde los sectores sociales populares y es en estos escenarios que se ha discutido la necesidad de ampliar las decisiones políticas sobre el tema, sobrepasando en concepto de Seguridad alimentaria para llegar a los de Soberanía, entendida como el poder en la toma de las decisiones y Autonomía como la posibilidad efectiva de controlar dichas decisiones desde la siembra hasta el consumo.
Creemos que la construcción integral de estos tres puntos permitirá resolver gran parte de los conflictos del tema alimentario en el país y ello convoca a resolver el asunto desde la construcción de un nuevo modelo de desarrollo; que respete las formas diversas de ser y existir, que respete la fragilidad de nuestra diversidad ecosistémica, que privilegie el desarrollo humano al crecimiento económico y que no solo se plantee el tema alimentario en términos de acabar con el hambre y la miseria, sino que busque resolver los problemas de inequidad y exclusión social.
Como consolidación organizativa para la construcción de lineamientos de política pública en Seguridad Soberanía y Autonomía alimentaria surge la propuesta de organizar una red que permitiera fortalecer los lazos entre las organizaciones rurales y urbanas, los circuitos económicos locales y regionales, las tradiciones alimentarias, las economías campesinas y la agricultura urbana, como parte de la reivindicación y defensa de las identidades populares.
Hoy en día en esta red de redes hemos podido identificar y visibilizar 109 procesos en marcha en varias regiones del país, así como las particularidades sociales, culturales, políticas, ecosistémicas y económicas de cada una de ellas. Se ha logrado consolidar estos lazos mediante la interacción de los diferentes procesos a través de reuniones, talleres, conferencias y debates, pero también en el intercambio de experiencias mediante visitas entre procesos, almuerzos colectivos y ollas comunitarias. Actividades y propuestas concertadas que se difunden mediante publicaciones físicas y virtuales a la mayor cantidad posible de miembros de la red, quienes a su vez se comprometen a replicar localmente las experiencias y saberes compartidos.
Los procesos y organizaciónes que han confluido en la red han destacado la importancia de la conservación del medio ambiente, los cultivos orgánicos, el respeto al ser humano y la naturaleza, la necesidad de desarrollar un sistema local de producción y mercado integral desde los sistemas alimentarios locales, regionales y nacionales construidos históricamente. En la construcción de esta red ha sido muy importante discutir y afrontar el tema colectivamente, teniendo en cuenta las propuestas que se acercan mas a la realidad de la población y que son presentadas y ejecutadas por ellos mismos. Creemos que la red de redes es un instrumento útil para involucrar nuevas personas, discutir problemas comunes y hacer nuevas propuestas y planes de acción desde lo local hacia lo regional y nacional.
¿Por qué una campaña contra Monsanto?
¿Por qué una campaña contra Monsanto?
18-12-07, Por Gabriela Soriano y Mariela Zunino *
Monsanto se presenta a sí misma como una empresa que busca satisfacer la creciente necesidad mundial de alimentos y fibras, conservar los recursos naturales y proteger el medio ambiente. Sin embargo, allí donde Monsanto se encuentra presente, sólo se vislumbra muerte, privatización de tierras, amenazas a campesinos, contaminación, enfermedad y destrucción del medio ambiente.
Resumen
"Alimento, Salud, Esperanza", ese es el lema de Monsanto, una compañía que tiene más de 100 años de existencia y actualmente está presente en más de 100 países. Se presenta a sí misma como una empresa que busca satisfacer la creciente necesidad mundial de alimentos y fibras, conservar los recursos naturales y proteger el medio ambiente. Sin embargo, allí donde Monsanto se encuentra presente, sólo se vislumbra muerte, privatización de tierras, amenazas a campesinos, contaminación, enfermedad y destrucción del medio ambiente. Este articulo forma parte de una Campaña Informativa que busca mostrar por qué Monsanto representa un peligro para nuestros pueblos y naciones. Frente al vertiginoso avance de las empresas transnacionales sobre nuestros recursos, vemos una situación de desinformación generalizada que deriva en la inacción y el no saber actuar frente a estos procesos. Nuestro objetivo es sensibilizar e informar a la sociedad civil acerca de qué es lo que realmente está pasando con nuestros alimentos.
¿Quién es Monsanto?
La Compañía Monsanto nace en 1901, en San Louis Missouri en los Estados Unidos, donde aún tiene sus oficinas centrales. En sus inicios, esta compañía sólo fabricaba un endulzante artificial conocido como sacarina.
Hacia los años 20, Monsanto se convirtió en una de las principales compañías fabricantes de ácido sulfúrico, y PCB's (bifenilo policlorado), entre otras sustancias químicas que se utilizan en la industria electrodoméstica e hidráulica. Durante los años 40 el negocio de Monsanto estaba enfocado principalmente en la fabricación de plásticos y fibras sintéticas. Desde aquellos años, Monsanto se ha mantenido entre las 10 compañías químicas más grandes del mundo.
A finales de los años 40, Monsanto fabricaba herbicidas que contenían dioxina, una sustancia altamente contaminante y que había enfermado a muchos trabajadores y personas que estuvieron en contacto con ella. Fue así que hacia los años 50 los especialistas en guerra química de los Estados Unidos se interesaron en esta sustancia como una posible arma química y Monsanto hizo acuerdos con ellos.
Vietnam: Armas químicas
En los años 60 y principios de los 70, Monsanto contribuyó a la contaminación, muerte y enfermedad de millones de vietnamitas durante la guerra entre Vietnam y los Estados Unidos. En esa época se rociaron 80 millones de litros de herbicidas (químicos) sobre Vietnam, en una superficie aproximada de 1.5 millones de hectáreas para despejar los bosques y facilitar los bombardeos a la población. Entre los productos que se rociaron estaba el Agente Naranja, un poderoso defoliante, ¿quién fue el responsable de su fabricación? Monsanto. Estos químicos destruyeron bosques, campos de arroz, cosechas enteras, envenenaron las aguas y provocaron graves daños al medio ambiente, además de envenenar a la población y provocar enfermedades como cáncer y defectos de nacimiento. Treinta años después, aún hay casos de niños que nacen con deformidades provocadas por el contacto de las madres con estas sustancias.
No sólo la población de Vietnam resultó afectada por estos químicos, también los soldados Estadounidenses que estuvieron expuestos al Agente Naranja tuvieron problemas, algunos presentaron después de algunos años, cáncer en la piel y algunos tipos de tumores cancerígenos.
La privatización de la vida
En los últimos años, la compañía química Monsanto, ha dado un paso más al convertirse en una empresa agrícola. Ahora, es la principal productora de semillas y controla gran parte del sistema agroalimentario. Este consiste en una estructura de redes a nivel mundial, que implica el uso de insumos, la producción, el procesamiento y el mercadeo de bienes agroalimentarios. Todo ello deriva en una cadena de agronegocios, hoy dominada y dirigida por grandes empresas transnacionales. Lo que buscan las compañías como Monsanto es tener el control total del sistema agroalimentario en el mundo. Actualmente, este sistema es monopolizado por unas cuantas empresas, entre las que destacan Monsanto, Cargill, Nestlé, Unilever y ConAgra. Esto trae fuertes implicaciones para las economías de los países, modificando sus paisajes, sus comunidades rurales y hasta los hábitos alimenticios de sus sociedades.
No conforme con lo anterior, quiere controlar también el agua, que es un elemento esencial para la vida, pero también un recurso indispensable para la producción agrícola. Así, con el control de las semillas y del agua en el mundo, la empresa se asegura la producción completa de la cadena alimenticia.
¿Cómo operan las empresas como Monsanto?
Existe una concentración vertical en el sistema agroalimentario que consiste en la formación de bloques construidos por empresas e instituciones que se ubican en una misma zona geográfica y que intervienen a lo largo de todas las fases del proceso agroalimentario.
Por ejemplo, Cargill, el gigante de los granos, fertilizantes y alimentos de ganado, se une con Monsanto, el dueño de los transgénicos, y con Krohger para la distribución al menudeo. Las empresas se unen para acaparar todo el proceso de los alimentos, desde su producción hasta su distribución.
La fuerte integración vertical de este sistema genera relaciones monopólicas que afectan la autonomía del agricultor. La creciente dependencia a la provisión de semillas, insumos y paquetes tecnológicos se ve acompañada por una disminución en la capacidad de negociación del agricultor. Como contrapartida, los grandes capitales agroindustriales incrementan su rentabilidad imponiendo condiciones a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, desde el tipo de semilla, los precios, la calidad del producto, su traslado y hasta su presentación.
El control corporativo es una de las estrategias y objetivos principales de las transnacionales. Existen solo un puñado de empresas que producen transgénicos y Monsanto es la más grande de ellas, ya que es responsable del mayor porcentaje de cultivos transgénicos en el mundo. Por primera vez en la historia existe tal concentración, en términos de una empresa que domina de esa forma un mercado tan fundamental para la sociedad como es el rubro de los alimentos. En 1980 existían en el mundo alrededor de 7 mil empresas semilleras para uso comercial; desde hace una década, las empresas de punta en la producción de agroquímicos, como Monsanto, Dupont y Bayer, comenzaron un proceso acelerado de compra de compañías semilleras. De este modo comenzaron a promover la venta de semillas transgénicas y sus agrotóxicos en forma de paquete, ya que más de los dos tercios de transgénicos en el mercado son resistentes a sus agrotóxicos. Actualmente, las 10 empresas semilleras más grandes acaparan el 55% de la venta de semillas de uso comercial. Monsanto es la tercera empresa semillera más grande del mundo, a la vez que ocupa el cuarto lugar en agroquímicos, pero es la primera en cuanto a transgénicos.
La aceleración en la producción de transgénicos es alarmante. En tan solo 20 años, desde el año 1982 en que se creó la primera planta transgénica, hasta el 2003, ya se había cultivado un área de 67,7 millones de hectáreas sin conocer (a la fecha) las posibles consecuencias sobre la salud y el medio ambiente.
Sólo 5 empresas controlan el mercado de transgénicos en el mundo y de estas, la Compañía Monsanto tiene más del 90% del mercado de las plantas transgénicas; las otras cuatro empresas son Aventis, Syngenta (antes Novartis), BASF, DuPont y Dow. Estas empresas también producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales que se venden en el mundo.
La mayoría de los transgénicos están diseñados para que tengan que utilizar los agroquímicos de la misma empresa que los produce. Así venden transgénicos y agroquímicos, todo en el mismo paquete. Esto es un negocio redondo.
Todo ello deriva en un modelo de dependencia: las empresas transnacionales de los agronegocios como Monsanto buscan generar lazos de dependencia con agricultores y campesinos. La idea es que la venta de la semilla, para que obtenga el mejor resultado, venga acompañada de todo un paquete tecnológico, que, claro está, lo vende la misma empresa. El objetivo es obligar a la gente a consumir lo que ellos producen.
De este modo, en una era donde la agricultura ha devenido en agronegocio, cabe preguntarnos: ¿Por qué estamos permitiendo que las decisiones fundamentales acerca de nuestra tierra y alimentos no sean tomadas por los agricultores, ni siquiera por los propios gobiernos, sino por transnacionales como Monsanto? ¿Por qué dejamos la decisión acerca de qué sembrar, cómo, y a quién venderlo en manos de las empresas?
La Soberanía Alimentaria, derecho fundamental de nuestros pueblos
El argumento principal de la Compañía Monsanto para inundarnos de transgénicos es que logrando una mayor producción de alimentos se va a acabar el hambre en el mundo. Sin embargo, el problema de hambre no se debe a la falta de producción de alimentos sino a la distribución inequitativa y la falta de acceso a ellos. A pesar de que en el mundo hay suficientes alimentos para todos y todas, la cifra total de personas que sufren hambre es de aproximadamente 852 millones, de estos, 815 millones viven en los países en desarrollo. La Soberanía Alimentaria es el derecho de todos los pueblos, a controlar y decidir soberanamente sobre toda la red alimenticia, desde la producción hasta el consumo, para poder lograr la autosuficiencia alimentaria. Es el derecho a decidir sobre los propios alimentos, de modo que sean apropiados a las circunstancias exclusivas de un pueblo, en el sentido ecológico, social, económico y cultural.
Para garantizar la soberanía alimentaria, es necesario que haya una promoción y recuperación de las prácticas y tecnologías tradicionales, que aseguren la conservación de la biodiversidad y la protección de la producción local y nacional.
Monsanto contra los campesinos
Monsanto es la principal productora de semillas transgénicas en el mundo. Estas semillas tienen genes patentados, esto quiere decir que los campesinos tienen que pagar a la empresa cada vez que las siembran; en caso de que no le paguen, Monsanto puede demandarlos por utilizar ilegalmente sus productos. Esto impide que los campesinos puedan guardar las semillas para la siguiente cosecha como se hace tradicionalmente en el campo mexicano, y en diversas partes del mundo.
De este modo, Monsanto patenta la vida, modifica genéticamente plantas y animales, fabrica virus y bacterias y luego vende paquetes tecnológicos que tienen como objetivo obligar a los campesinos de los países pobres a comprar todos los años las semillas, y todo lo que se necesita para cuidarlas y mantenerlas, principalmente los agroquímicos producidos por la misma empresa. Así vemos que a la compañía Monsanto no le interesa acabar con el hambre en el mundo, tampoco la salud humana o el medio ambiente. A Monsanto el único beneficio que le interesa es el suyo.
Maquinaria legal contra campesinos
Algunos números nos ayudan a entender el modus operandis de Monsanto en su arremetida contra los campesinos:
500: número de campesinos estadounidenses investigados anualmente por Monsanto.
10 millones de dólares: El presupuesto anual de Monsanto destinado a investigar y procesar granjeros en Estados Unidos
3.052.800 dólares: la ganancia más grande registrado a favor de Monsanto como resultado del juicio por la demanda a un granjero.
12 millones de dólares: la cantidad que obtuvo Monsanto hasta el año 2005 por demandas a granjeros.
8 meses: La sentencia de prisión más larga, dada a un granjero de Tennesse, condenado por violar un acuerdo con Monsanto.
El caso de Percy Schmeiser
En 1998, Percy Schmiser, un agricultor canadiense de 71 años de edad, recibió una demanda por parte de la compañía Monsanto por "utilizar ilegalmente" semillas de cánola de la empresa. El agricultor alegó que su cultivo de cánola tradicional fue contaminado por cánola transgénica que sembraron sus vecinos, él nunca compró ni sembró semillas transgénicas de la empresa, pero esto no sirvió para que la corte fallara en favor de la compañía y el agricultor tuviera que pagar 153 mil dólares (un millón 600 mil pesos, aproximadamente) por daños a la empresa. Así, muchos otros campesinos, principalmente en Estados Unidos, han recibido demandas por parte de la empresa, con pocas posibilidades de ganar aunque la razón esté de su lado.
Acerca de los organismos genéticamente modificados
Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), mejor conocidos como transgénicos, son seres vivos creados artificialmente en laboratorios científicos, a los que se le ha modificado la estructura genética. Los genes son los que le dan a cada organismo ciertas características. En las personas los genes nos dan el color de los ojos, de la piel, ser altos o chaparros, etc. Lo que hace la ingeniería genética es modificar estas características poniendo genes de un organismo en otro para darle características que no podría tener naturalmente. Así, por ejemplo, una planta de maíz transgénico resistente a herbicidas fue modificada en su estructura para agregarle el gen de una bacteria. A una planta común se le modifica para que tenga características especiales que naturalmente no podría tener.
Uno de los transgénicos mayormente comercializados es el Maíz BT, que resulta de la unión de un tipo de maíz con el gen de una bacteria llamada Bacillus Thuringiensis (BT), un insecticida natural que se encuentra en la tierra. Lo que resulta de esta unión es un maíz resistente a ciertos insectos. Esa bacteria que había sido utilizada como insecticida natural desde los años 20 ahora ha sido apropiada y patentada por estas empresas. En los Estados Unidos, alrededor de 30% del maíz es genéticamente modificado con el pesticida Bt y México importa millones de toneladas de maíz de los Estados Unidos. Empresas como Maseca usan este maíz para sus productos industriales.
¿Quién quiere transgénicos y quien no?
La discusión sobre la creación y uso de transgénicos está dividida en dos posturas opuestas:
La primera, de las corporaciones y algunos investigadores promotores de los OGM, defienden la producción y uso de transgénicos. Estos argumentan que la ingeniería genética tiene beneficios como: mayor productividad, mejor calidad de los productos, resistencia de las plantas a ataques de insectos, disminución del uso de plaguicidas, y disminución de efectos dañinos al medio ambiente así como el combate a la necesidad mundial de alimentos. El segundo grupo (organizaciones ambientalistas, ecologistas, sociales, ONG's, agricultores, indígenas, campesinos, etc.) se oponen a la producción y uso de transgénicos, entre sus argumentos destacan que:
El control de la producción y distribución de productos agrícolas queda en manos de unas cuantas empresas rompiéndose el equilibrio en el desarrollo y procesamiento de nuestros alimentos y pone en riesgo la soberanía alimentaria de los pueblos.
Rompe con tradiciones milenarias como guardar las semillas para el siguiente ciclo agrícola. Debido a leyes impuestas por la Organización Mundial del Comercio, que favorecen a estas empresas, las semillas transgénicas no pueden guardarse, tienen que ser compradas nuevas semillas para el siguiente ciclo. Para esto están promoviendo la tecnología "terminator" (de la que hablaremos más adelante).
Nada comprueba que los OGM sean seguros para la salud humana y para el medio ambiente, hay casos en los que se ha demostrado que los OGM son dañinos para algunas especies. La biodiversidad se pone en riesgo.
En muchos países no existen regulaciones que impidan a las empresas experimentar e incluso producir OGM's, en muchos casos las empresas lo hacen sin siquiera informar qué están haciendo y cuáles podrían ser las consecuencias.
La sobreproducción de alimentos no acabará con el hambre del mundo, sino su justa distribución.
Las siembras de transgénicos contaminan las tradicionales sin que se pueda evitar.
México transgénico
En México, como en muchos otros países del mundo, los productos transgénicos también nos invaden. Desde 1982 hasta el año 2000, nuestro gobierno había otorgado 151 permisos a empresas e instituciones para el cultivo de transgénicos. De esto, la población no ha sido consultada en ningún momento.
Los transgénicos están en nuestro campo y en nuestros platos, y muchas veces ni siquiera lo sabemos. La superficie aproximada en la que se ha dado autorización de sembrar o experimentar con transgénicos es de 153,000 hectáreas. Sin embargo, tenemos que tomar en cuenta que la mayor parte de los campos de México todavía están libres de transgénicos y eso hay que seguirlo defendiendo, no permitiendo la entrada de más transgénicos que contaminen nuestras tierras y cultivos y eliminando los que ya existen.
De los 32 estados de la República, en 21 se ha encontrado presencia de transgénicos, Los cultivos encontrados hasta ahora son: soya, papaya, plátano, piña, tabaco, algodón, calabacita, papa, alfalfa, trigo, clavel, maíz, chile, tomate, jitomate, cánola, melón, cártamo, arroz, entre otros...
El maíz mexicano
México es centro y origen del maíz. En este país se albergan más de 40 complejos raciales y miles de variedades de maíces criollos. Por otro lado, el maíz es la base de la alimentación de la mayoría de los mexicanos.
Después de miles de años, por medio de la agricultura tradicional, el maíz en México ha logrado adaptarse frente a plagas, temperaturas y suelos muy diversos. Gracias al trabajo de campesinos, indígenas principalmente, el maíz no sólo se ha conservado sino que ha sido mejorado con métodos tradicionales que van pasando de generación en generación a partir de los conocimientos ancestrales de los agricultores. Esta herencia está en riesgo de desaparecer si el maíz transgénico sigue contaminando los cultivos tradicionales. Esto ya está ocurriendo en algunas regiones del país como Chihuahua, Morelos, Durango, Estado de México, San Luis Potosí, Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz y de no frenarse esta contaminación podría extenderse a otras regiones de México.
Desde principios de los años 90 se ha implementado una política de importación que favorece a las grandes empresas como Monsanto en vez de los campesinos y agricultores que buscan beneficios de la producción local.
Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en México se ha dado un proceso de desmantelamiento de la producción nacional y abandono del campo. De este modo, el mercado interno fue dejado en manos de empresas privadas: las transnacionales de los alimentos irrumpieron en México para actuar en conjunto con semilleras, distribuidoras y procesadoras y así tener todo el control corporativo. Los 2 grupos corporativos principales que fueron formados son: Cargill-Monsanto y ADM-Novartis-Maseca.
Hoy en día en México se importan 6 millones de toneladas de maíz al año.
Desde la entrada en vigor del TLCAN, las importaciones de maíz provenientes de Estados Unidos se multiplicaron 15 veces. El 25% del maíz consumido en México es de procedencia estadounidense.
Contaminación transgénica
Con la firma del TLCAN en 1994, el mercado mexicano se ha visto invadido por maíz estadounidense, en su mayoría transgénico. El maíz transgénico entra a México mezclado con maíz criollo sin que pueda notarse la diferencia a simple vista. Muchas veces los campesinos, sin saberlo, siembran los granos transgénicos que les llegan desde Estados Unidos a través de programas de abastecimiento de alimentos básicos como Diconsa, provocando la propagación desmesurada de transgénicos. Con la importación legal y autorizada de granos de Estados Unidos, la introducción de maíz transgénico a México se ha dado en total ausencia de procesos formales de información a la sociedad civil y consentimiento al interior de las comunidades rurales. La transnacional Monsanto es propietaria de la mayoría de las variedades transgénicas de maíz que entran a nuestro país desde Estados Unidos sin ninguna vigilancia. Es decir que Monsanto es responsable mayoritario de la contaminación genética de nuestro maíz.
Esta contaminación es intencional ya que se busca preparar el terreno para la futura siembra comercial del maíz transgénico que las transnacionales tanto persiguen. Este fenómeno no es nuevo: Monsanto está involucrada en escándalos de contaminación transgénica antes que el caso mexicano: por ejemplo, en Grecia, con la contaminación de semillas de algodón en 2000, y en Canadá con la cánola en 1998.
Para frenar la contaminación transgénica es necesario exigir que:
Se notifique directamente a los campesinos la probabilidad de que el maíz distribuido sea transgénico y que NO debe ser sembrado
Se etiquete claramente aquellos contenedores y silos con maíz importado de Estados Unidos o Canadá donde pueda haber maíz transgénico.
Los granos de maíz importados deban dirigirse obligatoriamente a molinos para su procesamiento, como una forma de evitar la posible siembra del grano.
Frente a la masiva importación de maíz estadounidense, es necesario que tomemos medidas que aseguren la protección de nuestros maíces. Europa y Japón, quienes son los principales importadores de maíz en el mundo, tienen prohibida la importación de maíz transgénico y a diferencia de México, realizan estrictos controles para impedir su entrada.
Maíz transgénico, ¿quién lo necesita?
Existe evidencia científica de que los cultivos transgénicos comercializados en el mundo hasta hoy no han aumentado el rendimiento en el maíz. No está suficientemente demostrado que el consumo humano de maíz genéticamente modificado no sea perjudicial para la salud. Estados Unidos y Europa no autorizan la presencia de transgénicos en el trigo que es su cereal básico. Sin embargo lo permiten en el maíz, que ellos no consumen directamente y lo consideran alimento para animales, pero que es base de la alimentación de los mexicanos.
Los estudios tomados por México para autorizar el consumo humano de maíz transgénico fueron elaborados en base al consumo estadounidense, totalmente diferente al mexicano. Ellos comen maíz indirectamente (en carne de animales alimentados con este grano) o con una alta industrialización (harinas, aceites y derivados). En cambio los mexicanos comemos maíz de forma directa todos los días.
Además, con la llegada de los transgénicos, para el agricultor al principio todo parece prometedor, pero luego, cuando se retiran los subsidios y apoyos, los regalos de las compañías y la fertilidad del suelo, comienzan los cobros de las compañías, los problemas con el suelo, la difícil comercialización, la contaminación de las variedades propias, y la dependencia de las semillas y los agroquímicos, cada vez más caros.
Los transgénicos no son la solución para producir más maíz en México ni son opción para la mayoría de los productores y campesinos mexicanos. Están diseñados para las estructuras productivas norteamericanas, condiciones con las que México no cuenta. Existen diferencias abismales en cuanto a la mecanización, el tipo de suelos, los sistemas de riego, los subsidios, el acceso a créditos, los sistemas de comercialización, etc. Además, existe una gran diferencia, pues para los mexicanos el maíz no es sólo un cultivo, sino que forma parte de su cultura esencial, lo cual no ocurre en Estados.
Los campesinos y organizaciones comunitarias ven al maíz genéticamente modificado como una amenaza directa para la autonomía política, la identidad cultural, la biodiversidad y la soberanía. Existen múltiples alternativas tecnológicas a nivel nacional para mejorar y aumentar la productividad del maíz sin recurrir a la riesgosa tecnología transgénica. ¿Tiene sentido arriesgar nuestra enorme diversidad y riqueza económica y cultural en beneficio de unas pocas transnacionales?
La tecnología Terminator
Terminator es el nombre con el que se conoce a la Tecnología de Restricción del Uso Genético. Es una creación más de Monsanto que se refiere a las plantas modificadas genéticamente que producen semillas estériles, esto es que no pueden ser reutilizadas para el siguiente ciclo de cultivo. Con esto se obliga a los agricultores a comprar las semillas nuevamente para el siguiente ciclo agrícola y los imposibilita de utilizar su propia cosecha para sembrarla. Las compañías que producen y promueven esta tecnología aseguran que la Tecnología Terminator acabará con la contaminación transgénica, sin embargo, algunos investigadores aseguran que si esta tecnología se introduce, contaminará las cosechas. Además, esta es una amenaza real para el 80% de agricultores que tradicionalmente, guardan su semilla para reutilizarla. Hasta ahora, la tecnología Terminator ha sido bloqueada gracias a las protestas internacionales de diversos grupos. Ahora se intenta una prohibición internacional para su producción y distribución.
Los agrotóxicos, asesinos silenciosos
Debido a que las variedades transgénicas son más resistentes a herbicidas e insecticidas, hay que usar una cantidad mayor de agroquímicos. La fertilidad de los suelos disminuye con el uso masivo de agroquímicos, entonces hay que usar más fertilizantes. Se trata, pues, de un efecto en cadena que soluciona muy poco y, en cambio, deriva en una mayor contaminación del agua, los suelos y nuestro medio ambiente.
Según la FAO, los plaguicidas son causantes de más de 20 mil muertes accidentales al año. Las malas condiciones en las que trabajan la mayoría de los campesinos en Latinoamérica los expone, aún más, a los daños de los agroquímicos, muchos no cuentan con el equipo necesario para evitar el contacto de los productos en su piel, otros no saben leer los rótulos con las instrucciones de aplicación de los mismos; y nada pueden hacer cuando sus comunidades, casas y familias son rociados por la lluvia fumigadora de los aviones.
Roundup es el agrotóxico más vendido en el mundo, se trata de un herbicida que contiene Glifosato, comercializado por Monsanto. En México se conoce como Rival, Faena y Ranger. Este agroquímico está siendo utilizado en muchos campos de nuestro país y en muchas otras partes del mundo causando graves daños en la salud de quienes están en contacto con él.
La Ley Monsanto
En 2005 fue aprobada la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, mejor conocida como Ley Monsanto, llamada así por ser reflejo de los intereses de las empresas del agronegocio que encabeza Monsanto. Esta ley permite la distribución y liberación de organismos transgénicos con probables riesgos a la salud humana y del medio ambiente así como de la soberanía alimentaria. Si bien, la ley presenta elementos de protección al maíz y cultivos nativos, lo hace de manera confusa, a la vez que, según expertos, resulta complicada su aplicación. La ley establece que para el cultivo experimental se debe definir el "régimen especial del maíz", como también delimitar los centros de origen para evitar la contaminación con transgénicos. Para dar inicio a los cultivos experimentales, la ley debe ser reglamentada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA).
Mientras tanto, Monsanto sigue ejerciendo presión sobre el gobierno para que se establezca un marco legal para la siembra: anunció una inversión de 200 millones de dólares como parte de un plan 2007-2010 para la comercialización de maíz transgénico, a ser aplicado una vez que se aprueben los permisos para uso comercial del grano.
Las organizaciones ambientalistas coinciden en que dicha Ley tiene varios defectos.
Algunos de ellos:
Favorece la liberación indiscriminada de transgénicos en el ambiente sin mecanismos de monitoreo ni control, es decir, se libera de responsabilidad a las empresas en caso de causar daños por dicha liberación.
No contempla mecanismos de protección o indemnización para campesinos cuyos cultivos puedan ser afectados por contaminación genética.
No establece una clara acción de etiquetado para productos que puedan contener Organismos Genéticamente Modificados.
Monsanto y el agua
Se cree que en los próximos años la escasez de agua en muchos países hará que esta sea vista como "el oro azul". Para Monsanto las semillas no bastan, y hoy busca incluso controlar el agua. Monsanto calcula que el agua se transformará en un mercado multimillonario en los próximos años. El agotamiento de los recursos del agua es visto como una oportunidad de negocios, sobre todo en India y México donde el agua escasea.
Monsanto planea ganancias de 63 millones de dólares para el 2008 con sus negocios del agua en India y México. La empresa estima que para 2010, unos 2500 millones de personas en el mundo tendrán difícil acceso al agua potable. De este modo el suministro de agua potable se convierte en un excelente negocio para Monsanto.
Además, sus agroquímicos contaminan nuestras fuentes de agua. En Dinamarca se descubrió que los niveles de glifosato - principal componente del Round Up, herbicida de Monsanto - eran 5 veces más altos que el nivel permitido para el agua potable. Esto significa que en 5 a 10 años será necesario remover el glifosato del agua para que siga siendo potable.
¿Sabes qué estas comiendo? Etiquetado de productos transgénicos
En México habemos más de 100 millones de consumidores, nadie puede decir con certeza que los alimentos que consume no son transgénicos; de hecho, si nos hiciéramos esta pregunta, la respuesta seguramente sería que sí lo son. La mayoría de los productos que se venden en México tienen, al menos, algún ingrediente transgénico, y esto no podemos saberlo porque las empresas no lo especifican en sus etiquetas. En nuestro país la industria bio-tecnológica ha convencido a nuestro gobierno de que el etiquetado de los alimentos transgénicos no es necesario, a pesar de ser México uno de los principales importadores de productos agropecuarios y de alimentos de Estados Unidos.
Muchos productos que consumimos diariamente contienen algún porcentaje transgénico, por ejemplo, podemos ir a la tienda y comprar una bolsa de pan sin imaginarnos que entre sus ingredientes puede haber alguno transgénico porque en el empaque no lo indica. Entonces nos preguntamos, si son tan buenos esos transgénicos como nos dicen las empresas, ¿por qué no les ponen una etiqueta para identificarlos?, ¿por qué prefieren que no se sepa que contienen transgénicos?
Hasta la fecha son muy pocos los lugares donde se tiene que aplicar el etiquetado de productos con componentes transgénicos. Hoy en día, el consumidor, aunque debiera tener el derecho de saber lo que compra, no lo tiene. Como consumidores, tenemos el derecho de elegir lo que comemos y decidir si queremos comer o no transgénicos. Algunas de las cosas que podemos hacer para conocer y controlar lo que comemos:
Las empresas productoras de alimentos tienen la obligación de informar a los consumidores sobre los ingredientes que contienen sus productos, así podemos llamar a los números de atención a clientes, que están en las etiquetas, para solicitar información sobre los productos que compras y para exigir que, si usan transgénicos, lo indiquen en las etiquetas.
Consumir productos orgánicos, esto es, que hayan sido cosechados sin fertilizantes ni insecticidas químicos y que no hayan sido modificados genéticamente, además de ser alimentos saludables, apoyarás a campesinos y pequeñas empresas de alimentos y a la producción local
Informar a otras personas sobre el tema e invitarlos a formar redes de consumo responsable.
Biopirateria: el robo de la vida
La biopirateria es el nombre que utilizamos cuando una empresa transnacional se apropia ilegalmente o sea, roba, mediante engaños, recursos biológicos (o alguna de sus propiedades) y de conocimientos ancestrales de los pueblos para luego utilizarlos y patentarlos, o sea, hacerse sus dueños, con fines comerciales después de convertirlos en productos. No conformes con robarse conocimientos y recursos biológicos, son estas empresas las que acusan de ladrones a campesinos e indígenas por utilizar plantas y productos ya patentados por la empresa.
La biopirateria se vale del saqueo de los recursos naturales vivos, o recursos biológicos, con el fin de utilizarlos en investigaciones científicas que habiliten la producción de artículos que puedan ser comercializados. Para ello, primero se acude a la bioprospección, es decir, la búsqueda y recolección de plantas o animales. Luego de investigar de qué están hechos esos recursos y para qué sirven, se procede a registrarlos ante la ley como propietario de sus descubrimientos. Esta apropiación del conocimiento es lo que se conoce como patentes.
Podemos afirmar que todas las patentes de la transnacional Monsanto fueron obtenidas bajo esta práctica de biopirateria, ya que esos conocimientos patentados son el resultado de miles de años de trabajo colectivo de las y los campesinos e indígenas en todo el mundo, que cuidaron y domesticaron cientos de variedades que luego las empresas se roban para trabajarlas en sus laboratorios y lucrar con ellas. Es decir, un conocimiento público y que pertenece a todos es apropiado por una empresa, quien se dice propietaria de dicho conocimiento a través de las patentes, para luego acusar de ladrones a quienes son los verdaderos promotores y guardianes de esos recursos y conocimientos.
Biocombustibles: comestibles convertidos en combustibles
Existe una campaña a nivel mundial de empresas y gobiernos que presentan a los biocombustibles como alternativa al consumo de petróleo y solución para problemas como el calentamiento global. Sin embargo hay una lógica comercial por detrás: las transnacionales de los transgénicos ven esto como una excelente oportunidad para aumentar sus ganancias y justificar el uso de transgénicos en nombre de un supuesto mejoramiento ambiental.
Empresas como Monsanto y Cargill se están avocando cada vez más a la producción de un tipo de biocombustible, el etanol, fabricado con maíz. De esta forma se está dedicando más terreno para la siembra de maíz amarillo para producir etanol que para maíz blanco, base de la dieta mexicana y con el que se hace la harina, elevando mucho el precio de las tortillas. Expertos señalan que el auge de los biocombustibles puede derivar en un aumento de los precios de alimentos, lo cual es sinónimo de más hambre para muchos. La cantidad de granos que se necesita para llenar el tanque de una camioneta con etanol es suficiente para alimentar a una persona durante un año. De esta forma, la producción de etanol a partir del maíz atenta de forma directa contra la soberanía alimentaria, al tratarse de un alimento básico para el pueblo mexicano.
Además, hay investigaciones que demuestran que el ciclo completo de producción de biocombustibles deja un saldo negativo en varios aspectos. En primer lugar, se necesitan grandes extensiones de tierra, lo cual eleva los índices de deforestación. Segundo, se utiliza mayor cantidad de agroquímicos, lo cual se traduce en una mayor erosión y contaminación de suelos y aguas. Tercero, además del gasto en combustibles que el proceso requiere, se necesitan grandes cantidades de agua: para producir un litro de etanol a base de maíz, se necesitan de 1.200 a 3.600 litros de agua. Por último, las grandes extensiones de tierra dedicadas a monocultivos para la producción de biocombustibles irremediablemente entran en disputa con aquellas destinadas al cultivo de alimentos, lo cual representa un grave riesgo para la soberanía alimentaria.
Algunos casos en Sudamérica
En los alrededores de la ciudad argentina de Córdoba, existe un barrio llamado Ituazingó Anexo cuyos pobladores sufren hace años la condena de los plaguicidas. Al estar cercado por plantaciones de soya, la población sufre de una lluvia continua de agrotóxicos que ha derivado en enfermedad y muerte. Entre sus 500 habitantes han aparecido múltiples casos de cáncer, leucemia y malformaciones congénitas. Los productores de soya realizan fumigaciones aéreas y terrestres de agroquímicos como glifosato o endosulfan, las cuales afectan directamente a los pobladores. Esta situación se repite en varios poblados de Córdoba, por lo cual se ha formado la Asamblea de Pueblos Fumigados y Desalojados, integrada por aquellos pobladores que por el avance de los monocultivos se ven afectados tanto por las fumigaciones como por los desalojos de familias campesinas. Argentina es el tercer productor mundial de soya después de Brasil y Estados Unidos. Casi el cien por ciento de la soya que se siembra es transgénica y propiedad de Monsanto.
En la frontera entre Ecuador y Colombia, las fumigaciones aéreas financiadas por Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra las drogas, han dañado severamente el ADN de la población local, lo cual puede activar el desarrollo de cáncer y otras enfermedades, siendo que las investigaciones que ha promovido Monsanto y los informes de altos funcionarios de salud y ambiente están dirigidos a presentar la baja toxicidad del glifosato. De esta forma, el Estado, de la mano de Monsanto, está atentando contra la salud pública y el medio ambiente a través de su "Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado" o Plan Colombia. Desplazamientos, contaminación de alimentos, de suelos, aguas, de flora y fauna, destrucción de bosques nativos, enfermedad para las poblaciones: todo ello constituye un atentado contra la vida de los pobladores de Colombia y Ecuador.
En Paraguay, el modelo de la soya transgénica representa muerte y destrucción. En el año 2003, murió Silvino Talavera, de 11 años de edad, luego de ser rociado por un vecino que fumigaba su campo. Las investigaciones científicas demostraron su muerte se dio por intoxicación con los agrotóxicos que usaban los soyeros, Roundup y Cipermetrin. En pocos años, Paraguay se ha convertido en el tercer exportador y el cuarto productor mundial de soja. El 85% de las semillas plantadas en este país pertenecen a Monsanto.
Resistencia: los pueblos del mundo dicen NO a los transgénicos
En la India, entre 1993 y 2006 alrededor de 150.000 campesinos se suicidaron. El modelo agrícola del algodón transgénico que Monsanto les impuso los endeudó y los hundió en una crisis económica, social y ambiental. En 1998 se lanzó la campaña "Monsanto sal de la India", con la que 10.000 personas enviaron mensajes a la empresa pidiéndole que salga del país. Ese mismo año, una alianza de organizaciones campesinas quemaron los campos experimentales donde Monsanto probaba su algodón transgénico.
En México, la campaña "Sin Maíz no hay País" rechaza firmemente al maíz transgénico, y aboga por la defensa del campo mexicano, la protección del maíz mexicano, la soberanía alimentaria y la reactivación del campo mexicano.
En Colombia, la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra, lanzó la campaña "Monsanto Mata", en denuncia del herbicida glifosato con el cual se fumigan las zonas rurales colombianas desde el inicio del Plan Colombia. Se propone el boicot a los productos de Monsanto, la formación y capacitación en cuanto a alternativas, y acciones concretas.
La "Red por una América Latina Libre de Transgénicos", lanzó una campaña para que se declare a la región Andina, centro de origen de la papa, libre de la papa transgénica. Cuando se solicitó la realización de pruebas con papa transgénica en Bolivia, los campesinos se opusieron con firmeza amenazando destruir las pruebas de campo. En 2000, se decidió retirar el proyecto de pruebas debido a la oposición que había generado.
"Terminar Terminator", la campaña que lucha contra esta tecnología suicida, se ha reactivado en Latinoamérica, organizando una gran movilización para la COP 9 en Alemania para que se mantenga la moratoria sobre las semillas Terminator y a la vez se establezcan prohibiciones nacionales a esta tecnología.
La "Campaña por un Brasil Libre de Transgénicos" viene luchando hace años contra la liberalización de cultivos transgénicos en Brasil. Se constituye de una red de organizaciones civiles y movimientos populares que buscan fomentar un debate amplio y democrático acerca de los transgénicos en la sociedad, lo cual todavía no se ha dado en Brasil.
En fin, son muchas las organizaciones que se han levantado en defensa de sus derechos, sus tierras y recursos, frente al avance de los transgénicos y los atropellos de empresas como Monsanto. Las consecuencias destructivas del modelo de agronegocios que defiende Monsanto ya son visibles y amenazan con seguir avanzando a costa del quebrantamiento de nuestros derechos sociales y ambientales.
En una era donde todo parece globalizarse, la alimentación de un pueblo es y seguirá siendo una cuestión local, vinculada a su cultura, su identidad y sus modos de producción.
Vivimos bajo un sistema donde el alimento ha devenido mercancía y las empresas como Monsanto han rebasado el límite de su ambición queriendo privatizar hasta la vida misma. Hoy en día, la alimentación se ha convertido en un arma peligrosa que las grandes potencias económicas y sus transnacionales están utilizando para tener bajo control a pueblos y naciones.
Frente a un modelo que pretende subordinar algo tan vital para la vida, como es la agricultura, a los capitales internacionales, nos urge dar batalla y hacer frente para defender nuestro patrimonio y nuestros derechos. Por eso, queremos hacer un llamado a toda la sociedad para informarnos y conformar redes de concientización acerca de la verdad y gravedad de los hechos. Preservar el maíz criollo y defender el campo mexicano es proteger la identidad, el alimento, la cultura y el futuro de todos y todas. www.ecoportal.net
* Gabriela Soriano y Mariela Zunino
Boletín, CIEPAC, San Cristóbal de las Casas, CHIAPAS; MEXICO.
Diciembre de 2007. "Chiapas al Día" No. 552 y 553. http://www.ciepac.org
Ligas de Campañas en el mundo:
Campaña Terminar Terminator http://www.banterminator.org
Campaña Sin Maíz No Hay País http://www.sinmaiznohaypais.org
Campaña "Millones Contra Monsanto" (Estados Unidos) http://www.organicconsumers.org/monlink.htm
Campaña "Soya para Hoy Hambre para Mañana" (Argentina) http://www.sojahambre.blogspot.com
Referencias
Biodiversidad en América Latina: http://www.biodiversidadla.org
Campaña Sin Maíz no hay País: http://www.sinmaiznohaypais.org
Greenpeace México: http://www.greenpeace/mexico
The Ecologist: http://www.theecologist.net/
Diario La Jornada: http://www.jornada.unam.mx
Centro de Noticias ONU: http://www.un.org
Ecoportal: http://www.ecoportal.net
Ban Terminator Campaign: http://www.banterminator.org
ETC Group: http://www.etcgroup.org
CorpWatch: http://www.corpwatch.org
"Monsanto y la guerra de las drogas en Colombia", Jeremy Bigwood, especial para Corpwatch
"Hijos del Agente Naranja. Las secuela de la guerra", Carlos Martínez, http://elmundosalud.elmundo.es/
"El Agente Naranja' de Monsanto y Dow Chemicals: Tres millones de vietnamitas fueron expuestos a la terrible sustancia", José Daniel Fierro, Rebelión.
"Monsanto y el pan nuestro de cada día", Vandana Shiva, http://www.elcorreo.eu.org/esp
"La Ley Monsanto", Luis Hernández Navarro,Martes 14 de diciembre de 2004, www.jornada.unam.mx
"Monsanto contra los campesinos", Alejandro Calvillo, Martes 8 de febrero de 2005, www.jornada.unam.mx
"México: caballo de Troya de los transgénicos en América Latina", Silvia Ribeiro, Sábado 27 de diciembre de 2003, www.jornada.unam.mx
"Los dueños del planeta: corporaciones 2005", Silvia Ribeiro, Sábado 31 de diciembre de 2005, www.jornada.unam.mx
"Monsanto: la mordida de los transgénicos", Alejandro Nadal, Miércoles 12 de enero de 2005, www.jornada.unam.mx
"Recuento de Hechos de la contaminación transgénica del maíz nativo en México", Ceecam 2004
"Los Organismos Genéticamente Modificados: Implicaciones para México Y Chiapas", Chiapas al Día, No. 165, 8 de agosto de 1999, CIEPAC.
"El Maíz Transnacional Contra la Soberanía Alimentaria de los Pueblos Indígenas", Boletín Chiapas al Día no. 258, Septiembre 2001, CIEPAC.
Página oficial de Monsanto, http://www.monsanto.com.ar/institucionales/mi_identidad.asp
"Monsanto: una historia manchada ¿Quién debe escoger nuestras tecnologías?", Brian Tokar, http://www.zmag.org
"El derecho de los pueblos a la Soberanía Alimentaria", Joao Pedro Stédile, http://www.aldearural.com
"Maíz y Biodiversidad: efectos del maíz transgénico en México", Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte.
"Los transgénicos en el mundo. Qué, quién, cuánto, cuándo, dónde y por qué", José Santamarta, Rebelión, 26 de febrero del 2004
"Transgénicos: El prontuario criminal de Monsanto", Fernando Glenza, Agencia Prensa Mercosur
"América para Monsanto: Decretos y leyes para secuestrar nuestra agricultura", Carlos A. Vicente, GRAIN
"Argentina: la soja, un mal augurio", Ann Scholl y Facundo Arrizabalaga, Red por una América Latina Libre de Transgénicos, boletín 244.
"Soja transgénica y crisis del modelo agroalimentario argentino", Miguel Teubal
"Maíz, contaminación transgénica y resistencia", Aldo González Rojas, http://www.ecoportal.net
"Maíz y biodiversidad: Efectos del maíz transgénico en México. Conclusiones y recomendaciones", Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte.
"Los Transgénicos", Equipo Maíz, El Salvador, Diciembre 2004.
18-12-07, Por Gabriela Soriano y Mariela Zunino *
Monsanto se presenta a sí misma como una empresa que busca satisfacer la creciente necesidad mundial de alimentos y fibras, conservar los recursos naturales y proteger el medio ambiente. Sin embargo, allí donde Monsanto se encuentra presente, sólo se vislumbra muerte, privatización de tierras, amenazas a campesinos, contaminación, enfermedad y destrucción del medio ambiente.
Resumen
"Alimento, Salud, Esperanza", ese es el lema de Monsanto, una compañía que tiene más de 100 años de existencia y actualmente está presente en más de 100 países. Se presenta a sí misma como una empresa que busca satisfacer la creciente necesidad mundial de alimentos y fibras, conservar los recursos naturales y proteger el medio ambiente. Sin embargo, allí donde Monsanto se encuentra presente, sólo se vislumbra muerte, privatización de tierras, amenazas a campesinos, contaminación, enfermedad y destrucción del medio ambiente. Este articulo forma parte de una Campaña Informativa que busca mostrar por qué Monsanto representa un peligro para nuestros pueblos y naciones. Frente al vertiginoso avance de las empresas transnacionales sobre nuestros recursos, vemos una situación de desinformación generalizada que deriva en la inacción y el no saber actuar frente a estos procesos. Nuestro objetivo es sensibilizar e informar a la sociedad civil acerca de qué es lo que realmente está pasando con nuestros alimentos.
¿Quién es Monsanto?
La Compañía Monsanto nace en 1901, en San Louis Missouri en los Estados Unidos, donde aún tiene sus oficinas centrales. En sus inicios, esta compañía sólo fabricaba un endulzante artificial conocido como sacarina.
Hacia los años 20, Monsanto se convirtió en una de las principales compañías fabricantes de ácido sulfúrico, y PCB's (bifenilo policlorado), entre otras sustancias químicas que se utilizan en la industria electrodoméstica e hidráulica. Durante los años 40 el negocio de Monsanto estaba enfocado principalmente en la fabricación de plásticos y fibras sintéticas. Desde aquellos años, Monsanto se ha mantenido entre las 10 compañías químicas más grandes del mundo.
A finales de los años 40, Monsanto fabricaba herbicidas que contenían dioxina, una sustancia altamente contaminante y que había enfermado a muchos trabajadores y personas que estuvieron en contacto con ella. Fue así que hacia los años 50 los especialistas en guerra química de los Estados Unidos se interesaron en esta sustancia como una posible arma química y Monsanto hizo acuerdos con ellos.
Vietnam: Armas químicas
En los años 60 y principios de los 70, Monsanto contribuyó a la contaminación, muerte y enfermedad de millones de vietnamitas durante la guerra entre Vietnam y los Estados Unidos. En esa época se rociaron 80 millones de litros de herbicidas (químicos) sobre Vietnam, en una superficie aproximada de 1.5 millones de hectáreas para despejar los bosques y facilitar los bombardeos a la población. Entre los productos que se rociaron estaba el Agente Naranja, un poderoso defoliante, ¿quién fue el responsable de su fabricación? Monsanto. Estos químicos destruyeron bosques, campos de arroz, cosechas enteras, envenenaron las aguas y provocaron graves daños al medio ambiente, además de envenenar a la población y provocar enfermedades como cáncer y defectos de nacimiento. Treinta años después, aún hay casos de niños que nacen con deformidades provocadas por el contacto de las madres con estas sustancias.
No sólo la población de Vietnam resultó afectada por estos químicos, también los soldados Estadounidenses que estuvieron expuestos al Agente Naranja tuvieron problemas, algunos presentaron después de algunos años, cáncer en la piel y algunos tipos de tumores cancerígenos.
La privatización de la vida
En los últimos años, la compañía química Monsanto, ha dado un paso más al convertirse en una empresa agrícola. Ahora, es la principal productora de semillas y controla gran parte del sistema agroalimentario. Este consiste en una estructura de redes a nivel mundial, que implica el uso de insumos, la producción, el procesamiento y el mercadeo de bienes agroalimentarios. Todo ello deriva en una cadena de agronegocios, hoy dominada y dirigida por grandes empresas transnacionales. Lo que buscan las compañías como Monsanto es tener el control total del sistema agroalimentario en el mundo. Actualmente, este sistema es monopolizado por unas cuantas empresas, entre las que destacan Monsanto, Cargill, Nestlé, Unilever y ConAgra. Esto trae fuertes implicaciones para las economías de los países, modificando sus paisajes, sus comunidades rurales y hasta los hábitos alimenticios de sus sociedades.
No conforme con lo anterior, quiere controlar también el agua, que es un elemento esencial para la vida, pero también un recurso indispensable para la producción agrícola. Así, con el control de las semillas y del agua en el mundo, la empresa se asegura la producción completa de la cadena alimenticia.
¿Cómo operan las empresas como Monsanto?
Existe una concentración vertical en el sistema agroalimentario que consiste en la formación de bloques construidos por empresas e instituciones que se ubican en una misma zona geográfica y que intervienen a lo largo de todas las fases del proceso agroalimentario.
Por ejemplo, Cargill, el gigante de los granos, fertilizantes y alimentos de ganado, se une con Monsanto, el dueño de los transgénicos, y con Krohger para la distribución al menudeo. Las empresas se unen para acaparar todo el proceso de los alimentos, desde su producción hasta su distribución.
La fuerte integración vertical de este sistema genera relaciones monopólicas que afectan la autonomía del agricultor. La creciente dependencia a la provisión de semillas, insumos y paquetes tecnológicos se ve acompañada por una disminución en la capacidad de negociación del agricultor. Como contrapartida, los grandes capitales agroindustriales incrementan su rentabilidad imponiendo condiciones a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, desde el tipo de semilla, los precios, la calidad del producto, su traslado y hasta su presentación.
El control corporativo es una de las estrategias y objetivos principales de las transnacionales. Existen solo un puñado de empresas que producen transgénicos y Monsanto es la más grande de ellas, ya que es responsable del mayor porcentaje de cultivos transgénicos en el mundo. Por primera vez en la historia existe tal concentración, en términos de una empresa que domina de esa forma un mercado tan fundamental para la sociedad como es el rubro de los alimentos. En 1980 existían en el mundo alrededor de 7 mil empresas semilleras para uso comercial; desde hace una década, las empresas de punta en la producción de agroquímicos, como Monsanto, Dupont y Bayer, comenzaron un proceso acelerado de compra de compañías semilleras. De este modo comenzaron a promover la venta de semillas transgénicas y sus agrotóxicos en forma de paquete, ya que más de los dos tercios de transgénicos en el mercado son resistentes a sus agrotóxicos. Actualmente, las 10 empresas semilleras más grandes acaparan el 55% de la venta de semillas de uso comercial. Monsanto es la tercera empresa semillera más grande del mundo, a la vez que ocupa el cuarto lugar en agroquímicos, pero es la primera en cuanto a transgénicos.
La aceleración en la producción de transgénicos es alarmante. En tan solo 20 años, desde el año 1982 en que se creó la primera planta transgénica, hasta el 2003, ya se había cultivado un área de 67,7 millones de hectáreas sin conocer (a la fecha) las posibles consecuencias sobre la salud y el medio ambiente.
Sólo 5 empresas controlan el mercado de transgénicos en el mundo y de estas, la Compañía Monsanto tiene más del 90% del mercado de las plantas transgénicas; las otras cuatro empresas son Aventis, Syngenta (antes Novartis), BASF, DuPont y Dow. Estas empresas también producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales que se venden en el mundo.
La mayoría de los transgénicos están diseñados para que tengan que utilizar los agroquímicos de la misma empresa que los produce. Así venden transgénicos y agroquímicos, todo en el mismo paquete. Esto es un negocio redondo.
Todo ello deriva en un modelo de dependencia: las empresas transnacionales de los agronegocios como Monsanto buscan generar lazos de dependencia con agricultores y campesinos. La idea es que la venta de la semilla, para que obtenga el mejor resultado, venga acompañada de todo un paquete tecnológico, que, claro está, lo vende la misma empresa. El objetivo es obligar a la gente a consumir lo que ellos producen.
De este modo, en una era donde la agricultura ha devenido en agronegocio, cabe preguntarnos: ¿Por qué estamos permitiendo que las decisiones fundamentales acerca de nuestra tierra y alimentos no sean tomadas por los agricultores, ni siquiera por los propios gobiernos, sino por transnacionales como Monsanto? ¿Por qué dejamos la decisión acerca de qué sembrar, cómo, y a quién venderlo en manos de las empresas?
La Soberanía Alimentaria, derecho fundamental de nuestros pueblos
El argumento principal de la Compañía Monsanto para inundarnos de transgénicos es que logrando una mayor producción de alimentos se va a acabar el hambre en el mundo. Sin embargo, el problema de hambre no se debe a la falta de producción de alimentos sino a la distribución inequitativa y la falta de acceso a ellos. A pesar de que en el mundo hay suficientes alimentos para todos y todas, la cifra total de personas que sufren hambre es de aproximadamente 852 millones, de estos, 815 millones viven en los países en desarrollo. La Soberanía Alimentaria es el derecho de todos los pueblos, a controlar y decidir soberanamente sobre toda la red alimenticia, desde la producción hasta el consumo, para poder lograr la autosuficiencia alimentaria. Es el derecho a decidir sobre los propios alimentos, de modo que sean apropiados a las circunstancias exclusivas de un pueblo, en el sentido ecológico, social, económico y cultural.
Para garantizar la soberanía alimentaria, es necesario que haya una promoción y recuperación de las prácticas y tecnologías tradicionales, que aseguren la conservación de la biodiversidad y la protección de la producción local y nacional.
Monsanto contra los campesinos
Monsanto es la principal productora de semillas transgénicas en el mundo. Estas semillas tienen genes patentados, esto quiere decir que los campesinos tienen que pagar a la empresa cada vez que las siembran; en caso de que no le paguen, Monsanto puede demandarlos por utilizar ilegalmente sus productos. Esto impide que los campesinos puedan guardar las semillas para la siguiente cosecha como se hace tradicionalmente en el campo mexicano, y en diversas partes del mundo.
De este modo, Monsanto patenta la vida, modifica genéticamente plantas y animales, fabrica virus y bacterias y luego vende paquetes tecnológicos que tienen como objetivo obligar a los campesinos de los países pobres a comprar todos los años las semillas, y todo lo que se necesita para cuidarlas y mantenerlas, principalmente los agroquímicos producidos por la misma empresa. Así vemos que a la compañía Monsanto no le interesa acabar con el hambre en el mundo, tampoco la salud humana o el medio ambiente. A Monsanto el único beneficio que le interesa es el suyo.
Maquinaria legal contra campesinos
Algunos números nos ayudan a entender el modus operandis de Monsanto en su arremetida contra los campesinos:
500: número de campesinos estadounidenses investigados anualmente por Monsanto.
10 millones de dólares: El presupuesto anual de Monsanto destinado a investigar y procesar granjeros en Estados Unidos
3.052.800 dólares: la ganancia más grande registrado a favor de Monsanto como resultado del juicio por la demanda a un granjero.
12 millones de dólares: la cantidad que obtuvo Monsanto hasta el año 2005 por demandas a granjeros.
8 meses: La sentencia de prisión más larga, dada a un granjero de Tennesse, condenado por violar un acuerdo con Monsanto.
El caso de Percy Schmeiser
En 1998, Percy Schmiser, un agricultor canadiense de 71 años de edad, recibió una demanda por parte de la compañía Monsanto por "utilizar ilegalmente" semillas de cánola de la empresa. El agricultor alegó que su cultivo de cánola tradicional fue contaminado por cánola transgénica que sembraron sus vecinos, él nunca compró ni sembró semillas transgénicas de la empresa, pero esto no sirvió para que la corte fallara en favor de la compañía y el agricultor tuviera que pagar 153 mil dólares (un millón 600 mil pesos, aproximadamente) por daños a la empresa. Así, muchos otros campesinos, principalmente en Estados Unidos, han recibido demandas por parte de la empresa, con pocas posibilidades de ganar aunque la razón esté de su lado.
Acerca de los organismos genéticamente modificados
Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), mejor conocidos como transgénicos, son seres vivos creados artificialmente en laboratorios científicos, a los que se le ha modificado la estructura genética. Los genes son los que le dan a cada organismo ciertas características. En las personas los genes nos dan el color de los ojos, de la piel, ser altos o chaparros, etc. Lo que hace la ingeniería genética es modificar estas características poniendo genes de un organismo en otro para darle características que no podría tener naturalmente. Así, por ejemplo, una planta de maíz transgénico resistente a herbicidas fue modificada en su estructura para agregarle el gen de una bacteria. A una planta común se le modifica para que tenga características especiales que naturalmente no podría tener.
Uno de los transgénicos mayormente comercializados es el Maíz BT, que resulta de la unión de un tipo de maíz con el gen de una bacteria llamada Bacillus Thuringiensis (BT), un insecticida natural que se encuentra en la tierra. Lo que resulta de esta unión es un maíz resistente a ciertos insectos. Esa bacteria que había sido utilizada como insecticida natural desde los años 20 ahora ha sido apropiada y patentada por estas empresas. En los Estados Unidos, alrededor de 30% del maíz es genéticamente modificado con el pesticida Bt y México importa millones de toneladas de maíz de los Estados Unidos. Empresas como Maseca usan este maíz para sus productos industriales.
¿Quién quiere transgénicos y quien no?
La discusión sobre la creación y uso de transgénicos está dividida en dos posturas opuestas:
La primera, de las corporaciones y algunos investigadores promotores de los OGM, defienden la producción y uso de transgénicos. Estos argumentan que la ingeniería genética tiene beneficios como: mayor productividad, mejor calidad de los productos, resistencia de las plantas a ataques de insectos, disminución del uso de plaguicidas, y disminución de efectos dañinos al medio ambiente así como el combate a la necesidad mundial de alimentos. El segundo grupo (organizaciones ambientalistas, ecologistas, sociales, ONG's, agricultores, indígenas, campesinos, etc.) se oponen a la producción y uso de transgénicos, entre sus argumentos destacan que:
El control de la producción y distribución de productos agrícolas queda en manos de unas cuantas empresas rompiéndose el equilibrio en el desarrollo y procesamiento de nuestros alimentos y pone en riesgo la soberanía alimentaria de los pueblos.
Rompe con tradiciones milenarias como guardar las semillas para el siguiente ciclo agrícola. Debido a leyes impuestas por la Organización Mundial del Comercio, que favorecen a estas empresas, las semillas transgénicas no pueden guardarse, tienen que ser compradas nuevas semillas para el siguiente ciclo. Para esto están promoviendo la tecnología "terminator" (de la que hablaremos más adelante).
Nada comprueba que los OGM sean seguros para la salud humana y para el medio ambiente, hay casos en los que se ha demostrado que los OGM son dañinos para algunas especies. La biodiversidad se pone en riesgo.
En muchos países no existen regulaciones que impidan a las empresas experimentar e incluso producir OGM's, en muchos casos las empresas lo hacen sin siquiera informar qué están haciendo y cuáles podrían ser las consecuencias.
La sobreproducción de alimentos no acabará con el hambre del mundo, sino su justa distribución.
Las siembras de transgénicos contaminan las tradicionales sin que se pueda evitar.
México transgénico
En México, como en muchos otros países del mundo, los productos transgénicos también nos invaden. Desde 1982 hasta el año 2000, nuestro gobierno había otorgado 151 permisos a empresas e instituciones para el cultivo de transgénicos. De esto, la población no ha sido consultada en ningún momento.
Los transgénicos están en nuestro campo y en nuestros platos, y muchas veces ni siquiera lo sabemos. La superficie aproximada en la que se ha dado autorización de sembrar o experimentar con transgénicos es de 153,000 hectáreas. Sin embargo, tenemos que tomar en cuenta que la mayor parte de los campos de México todavía están libres de transgénicos y eso hay que seguirlo defendiendo, no permitiendo la entrada de más transgénicos que contaminen nuestras tierras y cultivos y eliminando los que ya existen.
De los 32 estados de la República, en 21 se ha encontrado presencia de transgénicos, Los cultivos encontrados hasta ahora son: soya, papaya, plátano, piña, tabaco, algodón, calabacita, papa, alfalfa, trigo, clavel, maíz, chile, tomate, jitomate, cánola, melón, cártamo, arroz, entre otros...
El maíz mexicano
México es centro y origen del maíz. En este país se albergan más de 40 complejos raciales y miles de variedades de maíces criollos. Por otro lado, el maíz es la base de la alimentación de la mayoría de los mexicanos.
Después de miles de años, por medio de la agricultura tradicional, el maíz en México ha logrado adaptarse frente a plagas, temperaturas y suelos muy diversos. Gracias al trabajo de campesinos, indígenas principalmente, el maíz no sólo se ha conservado sino que ha sido mejorado con métodos tradicionales que van pasando de generación en generación a partir de los conocimientos ancestrales de los agricultores. Esta herencia está en riesgo de desaparecer si el maíz transgénico sigue contaminando los cultivos tradicionales. Esto ya está ocurriendo en algunas regiones del país como Chihuahua, Morelos, Durango, Estado de México, San Luis Potosí, Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz y de no frenarse esta contaminación podría extenderse a otras regiones de México.
Desde principios de los años 90 se ha implementado una política de importación que favorece a las grandes empresas como Monsanto en vez de los campesinos y agricultores que buscan beneficios de la producción local.
Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en México se ha dado un proceso de desmantelamiento de la producción nacional y abandono del campo. De este modo, el mercado interno fue dejado en manos de empresas privadas: las transnacionales de los alimentos irrumpieron en México para actuar en conjunto con semilleras, distribuidoras y procesadoras y así tener todo el control corporativo. Los 2 grupos corporativos principales que fueron formados son: Cargill-Monsanto y ADM-Novartis-Maseca.
Hoy en día en México se importan 6 millones de toneladas de maíz al año.
Desde la entrada en vigor del TLCAN, las importaciones de maíz provenientes de Estados Unidos se multiplicaron 15 veces. El 25% del maíz consumido en México es de procedencia estadounidense.
Contaminación transgénica
Con la firma del TLCAN en 1994, el mercado mexicano se ha visto invadido por maíz estadounidense, en su mayoría transgénico. El maíz transgénico entra a México mezclado con maíz criollo sin que pueda notarse la diferencia a simple vista. Muchas veces los campesinos, sin saberlo, siembran los granos transgénicos que les llegan desde Estados Unidos a través de programas de abastecimiento de alimentos básicos como Diconsa, provocando la propagación desmesurada de transgénicos. Con la importación legal y autorizada de granos de Estados Unidos, la introducción de maíz transgénico a México se ha dado en total ausencia de procesos formales de información a la sociedad civil y consentimiento al interior de las comunidades rurales. La transnacional Monsanto es propietaria de la mayoría de las variedades transgénicas de maíz que entran a nuestro país desde Estados Unidos sin ninguna vigilancia. Es decir que Monsanto es responsable mayoritario de la contaminación genética de nuestro maíz.
Esta contaminación es intencional ya que se busca preparar el terreno para la futura siembra comercial del maíz transgénico que las transnacionales tanto persiguen. Este fenómeno no es nuevo: Monsanto está involucrada en escándalos de contaminación transgénica antes que el caso mexicano: por ejemplo, en Grecia, con la contaminación de semillas de algodón en 2000, y en Canadá con la cánola en 1998.
Para frenar la contaminación transgénica es necesario exigir que:
Se notifique directamente a los campesinos la probabilidad de que el maíz distribuido sea transgénico y que NO debe ser sembrado
Se etiquete claramente aquellos contenedores y silos con maíz importado de Estados Unidos o Canadá donde pueda haber maíz transgénico.
Los granos de maíz importados deban dirigirse obligatoriamente a molinos para su procesamiento, como una forma de evitar la posible siembra del grano.
Frente a la masiva importación de maíz estadounidense, es necesario que tomemos medidas que aseguren la protección de nuestros maíces. Europa y Japón, quienes son los principales importadores de maíz en el mundo, tienen prohibida la importación de maíz transgénico y a diferencia de México, realizan estrictos controles para impedir su entrada.
Maíz transgénico, ¿quién lo necesita?
Existe evidencia científica de que los cultivos transgénicos comercializados en el mundo hasta hoy no han aumentado el rendimiento en el maíz. No está suficientemente demostrado que el consumo humano de maíz genéticamente modificado no sea perjudicial para la salud. Estados Unidos y Europa no autorizan la presencia de transgénicos en el trigo que es su cereal básico. Sin embargo lo permiten en el maíz, que ellos no consumen directamente y lo consideran alimento para animales, pero que es base de la alimentación de los mexicanos.
Los estudios tomados por México para autorizar el consumo humano de maíz transgénico fueron elaborados en base al consumo estadounidense, totalmente diferente al mexicano. Ellos comen maíz indirectamente (en carne de animales alimentados con este grano) o con una alta industrialización (harinas, aceites y derivados). En cambio los mexicanos comemos maíz de forma directa todos los días.
Además, con la llegada de los transgénicos, para el agricultor al principio todo parece prometedor, pero luego, cuando se retiran los subsidios y apoyos, los regalos de las compañías y la fertilidad del suelo, comienzan los cobros de las compañías, los problemas con el suelo, la difícil comercialización, la contaminación de las variedades propias, y la dependencia de las semillas y los agroquímicos, cada vez más caros.
Los transgénicos no son la solución para producir más maíz en México ni son opción para la mayoría de los productores y campesinos mexicanos. Están diseñados para las estructuras productivas norteamericanas, condiciones con las que México no cuenta. Existen diferencias abismales en cuanto a la mecanización, el tipo de suelos, los sistemas de riego, los subsidios, el acceso a créditos, los sistemas de comercialización, etc. Además, existe una gran diferencia, pues para los mexicanos el maíz no es sólo un cultivo, sino que forma parte de su cultura esencial, lo cual no ocurre en Estados.
Los campesinos y organizaciones comunitarias ven al maíz genéticamente modificado como una amenaza directa para la autonomía política, la identidad cultural, la biodiversidad y la soberanía. Existen múltiples alternativas tecnológicas a nivel nacional para mejorar y aumentar la productividad del maíz sin recurrir a la riesgosa tecnología transgénica. ¿Tiene sentido arriesgar nuestra enorme diversidad y riqueza económica y cultural en beneficio de unas pocas transnacionales?
La tecnología Terminator
Terminator es el nombre con el que se conoce a la Tecnología de Restricción del Uso Genético. Es una creación más de Monsanto que se refiere a las plantas modificadas genéticamente que producen semillas estériles, esto es que no pueden ser reutilizadas para el siguiente ciclo de cultivo. Con esto se obliga a los agricultores a comprar las semillas nuevamente para el siguiente ciclo agrícola y los imposibilita de utilizar su propia cosecha para sembrarla. Las compañías que producen y promueven esta tecnología aseguran que la Tecnología Terminator acabará con la contaminación transgénica, sin embargo, algunos investigadores aseguran que si esta tecnología se introduce, contaminará las cosechas. Además, esta es una amenaza real para el 80% de agricultores que tradicionalmente, guardan su semilla para reutilizarla. Hasta ahora, la tecnología Terminator ha sido bloqueada gracias a las protestas internacionales de diversos grupos. Ahora se intenta una prohibición internacional para su producción y distribución.
Los agrotóxicos, asesinos silenciosos
Debido a que las variedades transgénicas son más resistentes a herbicidas e insecticidas, hay que usar una cantidad mayor de agroquímicos. La fertilidad de los suelos disminuye con el uso masivo de agroquímicos, entonces hay que usar más fertilizantes. Se trata, pues, de un efecto en cadena que soluciona muy poco y, en cambio, deriva en una mayor contaminación del agua, los suelos y nuestro medio ambiente.
Según la FAO, los plaguicidas son causantes de más de 20 mil muertes accidentales al año. Las malas condiciones en las que trabajan la mayoría de los campesinos en Latinoamérica los expone, aún más, a los daños de los agroquímicos, muchos no cuentan con el equipo necesario para evitar el contacto de los productos en su piel, otros no saben leer los rótulos con las instrucciones de aplicación de los mismos; y nada pueden hacer cuando sus comunidades, casas y familias son rociados por la lluvia fumigadora de los aviones.
Roundup es el agrotóxico más vendido en el mundo, se trata de un herbicida que contiene Glifosato, comercializado por Monsanto. En México se conoce como Rival, Faena y Ranger. Este agroquímico está siendo utilizado en muchos campos de nuestro país y en muchas otras partes del mundo causando graves daños en la salud de quienes están en contacto con él.
La Ley Monsanto
En 2005 fue aprobada la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, mejor conocida como Ley Monsanto, llamada así por ser reflejo de los intereses de las empresas del agronegocio que encabeza Monsanto. Esta ley permite la distribución y liberación de organismos transgénicos con probables riesgos a la salud humana y del medio ambiente así como de la soberanía alimentaria. Si bien, la ley presenta elementos de protección al maíz y cultivos nativos, lo hace de manera confusa, a la vez que, según expertos, resulta complicada su aplicación. La ley establece que para el cultivo experimental se debe definir el "régimen especial del maíz", como también delimitar los centros de origen para evitar la contaminación con transgénicos. Para dar inicio a los cultivos experimentales, la ley debe ser reglamentada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA).
Mientras tanto, Monsanto sigue ejerciendo presión sobre el gobierno para que se establezca un marco legal para la siembra: anunció una inversión de 200 millones de dólares como parte de un plan 2007-2010 para la comercialización de maíz transgénico, a ser aplicado una vez que se aprueben los permisos para uso comercial del grano.
Las organizaciones ambientalistas coinciden en que dicha Ley tiene varios defectos.
Algunos de ellos:
Favorece la liberación indiscriminada de transgénicos en el ambiente sin mecanismos de monitoreo ni control, es decir, se libera de responsabilidad a las empresas en caso de causar daños por dicha liberación.
No contempla mecanismos de protección o indemnización para campesinos cuyos cultivos puedan ser afectados por contaminación genética.
No establece una clara acción de etiquetado para productos que puedan contener Organismos Genéticamente Modificados.
Monsanto y el agua
Se cree que en los próximos años la escasez de agua en muchos países hará que esta sea vista como "el oro azul". Para Monsanto las semillas no bastan, y hoy busca incluso controlar el agua. Monsanto calcula que el agua se transformará en un mercado multimillonario en los próximos años. El agotamiento de los recursos del agua es visto como una oportunidad de negocios, sobre todo en India y México donde el agua escasea.
Monsanto planea ganancias de 63 millones de dólares para el 2008 con sus negocios del agua en India y México. La empresa estima que para 2010, unos 2500 millones de personas en el mundo tendrán difícil acceso al agua potable. De este modo el suministro de agua potable se convierte en un excelente negocio para Monsanto.
Además, sus agroquímicos contaminan nuestras fuentes de agua. En Dinamarca se descubrió que los niveles de glifosato - principal componente del Round Up, herbicida de Monsanto - eran 5 veces más altos que el nivel permitido para el agua potable. Esto significa que en 5 a 10 años será necesario remover el glifosato del agua para que siga siendo potable.
¿Sabes qué estas comiendo? Etiquetado de productos transgénicos
En México habemos más de 100 millones de consumidores, nadie puede decir con certeza que los alimentos que consume no son transgénicos; de hecho, si nos hiciéramos esta pregunta, la respuesta seguramente sería que sí lo son. La mayoría de los productos que se venden en México tienen, al menos, algún ingrediente transgénico, y esto no podemos saberlo porque las empresas no lo especifican en sus etiquetas. En nuestro país la industria bio-tecnológica ha convencido a nuestro gobierno de que el etiquetado de los alimentos transgénicos no es necesario, a pesar de ser México uno de los principales importadores de productos agropecuarios y de alimentos de Estados Unidos.
Muchos productos que consumimos diariamente contienen algún porcentaje transgénico, por ejemplo, podemos ir a la tienda y comprar una bolsa de pan sin imaginarnos que entre sus ingredientes puede haber alguno transgénico porque en el empaque no lo indica. Entonces nos preguntamos, si son tan buenos esos transgénicos como nos dicen las empresas, ¿por qué no les ponen una etiqueta para identificarlos?, ¿por qué prefieren que no se sepa que contienen transgénicos?
Hasta la fecha son muy pocos los lugares donde se tiene que aplicar el etiquetado de productos con componentes transgénicos. Hoy en día, el consumidor, aunque debiera tener el derecho de saber lo que compra, no lo tiene. Como consumidores, tenemos el derecho de elegir lo que comemos y decidir si queremos comer o no transgénicos. Algunas de las cosas que podemos hacer para conocer y controlar lo que comemos:
Las empresas productoras de alimentos tienen la obligación de informar a los consumidores sobre los ingredientes que contienen sus productos, así podemos llamar a los números de atención a clientes, que están en las etiquetas, para solicitar información sobre los productos que compras y para exigir que, si usan transgénicos, lo indiquen en las etiquetas.
Consumir productos orgánicos, esto es, que hayan sido cosechados sin fertilizantes ni insecticidas químicos y que no hayan sido modificados genéticamente, además de ser alimentos saludables, apoyarás a campesinos y pequeñas empresas de alimentos y a la producción local
Informar a otras personas sobre el tema e invitarlos a formar redes de consumo responsable.
Biopirateria: el robo de la vida
La biopirateria es el nombre que utilizamos cuando una empresa transnacional se apropia ilegalmente o sea, roba, mediante engaños, recursos biológicos (o alguna de sus propiedades) y de conocimientos ancestrales de los pueblos para luego utilizarlos y patentarlos, o sea, hacerse sus dueños, con fines comerciales después de convertirlos en productos. No conformes con robarse conocimientos y recursos biológicos, son estas empresas las que acusan de ladrones a campesinos e indígenas por utilizar plantas y productos ya patentados por la empresa.
La biopirateria se vale del saqueo de los recursos naturales vivos, o recursos biológicos, con el fin de utilizarlos en investigaciones científicas que habiliten la producción de artículos que puedan ser comercializados. Para ello, primero se acude a la bioprospección, es decir, la búsqueda y recolección de plantas o animales. Luego de investigar de qué están hechos esos recursos y para qué sirven, se procede a registrarlos ante la ley como propietario de sus descubrimientos. Esta apropiación del conocimiento es lo que se conoce como patentes.
Podemos afirmar que todas las patentes de la transnacional Monsanto fueron obtenidas bajo esta práctica de biopirateria, ya que esos conocimientos patentados son el resultado de miles de años de trabajo colectivo de las y los campesinos e indígenas en todo el mundo, que cuidaron y domesticaron cientos de variedades que luego las empresas se roban para trabajarlas en sus laboratorios y lucrar con ellas. Es decir, un conocimiento público y que pertenece a todos es apropiado por una empresa, quien se dice propietaria de dicho conocimiento a través de las patentes, para luego acusar de ladrones a quienes son los verdaderos promotores y guardianes de esos recursos y conocimientos.
Biocombustibles: comestibles convertidos en combustibles
Existe una campaña a nivel mundial de empresas y gobiernos que presentan a los biocombustibles como alternativa al consumo de petróleo y solución para problemas como el calentamiento global. Sin embargo hay una lógica comercial por detrás: las transnacionales de los transgénicos ven esto como una excelente oportunidad para aumentar sus ganancias y justificar el uso de transgénicos en nombre de un supuesto mejoramiento ambiental.
Empresas como Monsanto y Cargill se están avocando cada vez más a la producción de un tipo de biocombustible, el etanol, fabricado con maíz. De esta forma se está dedicando más terreno para la siembra de maíz amarillo para producir etanol que para maíz blanco, base de la dieta mexicana y con el que se hace la harina, elevando mucho el precio de las tortillas. Expertos señalan que el auge de los biocombustibles puede derivar en un aumento de los precios de alimentos, lo cual es sinónimo de más hambre para muchos. La cantidad de granos que se necesita para llenar el tanque de una camioneta con etanol es suficiente para alimentar a una persona durante un año. De esta forma, la producción de etanol a partir del maíz atenta de forma directa contra la soberanía alimentaria, al tratarse de un alimento básico para el pueblo mexicano.
Además, hay investigaciones que demuestran que el ciclo completo de producción de biocombustibles deja un saldo negativo en varios aspectos. En primer lugar, se necesitan grandes extensiones de tierra, lo cual eleva los índices de deforestación. Segundo, se utiliza mayor cantidad de agroquímicos, lo cual se traduce en una mayor erosión y contaminación de suelos y aguas. Tercero, además del gasto en combustibles que el proceso requiere, se necesitan grandes cantidades de agua: para producir un litro de etanol a base de maíz, se necesitan de 1.200 a 3.600 litros de agua. Por último, las grandes extensiones de tierra dedicadas a monocultivos para la producción de biocombustibles irremediablemente entran en disputa con aquellas destinadas al cultivo de alimentos, lo cual representa un grave riesgo para la soberanía alimentaria.
Algunos casos en Sudamérica
En los alrededores de la ciudad argentina de Córdoba, existe un barrio llamado Ituazingó Anexo cuyos pobladores sufren hace años la condena de los plaguicidas. Al estar cercado por plantaciones de soya, la población sufre de una lluvia continua de agrotóxicos que ha derivado en enfermedad y muerte. Entre sus 500 habitantes han aparecido múltiples casos de cáncer, leucemia y malformaciones congénitas. Los productores de soya realizan fumigaciones aéreas y terrestres de agroquímicos como glifosato o endosulfan, las cuales afectan directamente a los pobladores. Esta situación se repite en varios poblados de Córdoba, por lo cual se ha formado la Asamblea de Pueblos Fumigados y Desalojados, integrada por aquellos pobladores que por el avance de los monocultivos se ven afectados tanto por las fumigaciones como por los desalojos de familias campesinas. Argentina es el tercer productor mundial de soya después de Brasil y Estados Unidos. Casi el cien por ciento de la soya que se siembra es transgénica y propiedad de Monsanto.
En la frontera entre Ecuador y Colombia, las fumigaciones aéreas financiadas por Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra las drogas, han dañado severamente el ADN de la población local, lo cual puede activar el desarrollo de cáncer y otras enfermedades, siendo que las investigaciones que ha promovido Monsanto y los informes de altos funcionarios de salud y ambiente están dirigidos a presentar la baja toxicidad del glifosato. De esta forma, el Estado, de la mano de Monsanto, está atentando contra la salud pública y el medio ambiente a través de su "Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado" o Plan Colombia. Desplazamientos, contaminación de alimentos, de suelos, aguas, de flora y fauna, destrucción de bosques nativos, enfermedad para las poblaciones: todo ello constituye un atentado contra la vida de los pobladores de Colombia y Ecuador.
En Paraguay, el modelo de la soya transgénica representa muerte y destrucción. En el año 2003, murió Silvino Talavera, de 11 años de edad, luego de ser rociado por un vecino que fumigaba su campo. Las investigaciones científicas demostraron su muerte se dio por intoxicación con los agrotóxicos que usaban los soyeros, Roundup y Cipermetrin. En pocos años, Paraguay se ha convertido en el tercer exportador y el cuarto productor mundial de soja. El 85% de las semillas plantadas en este país pertenecen a Monsanto.
Resistencia: los pueblos del mundo dicen NO a los transgénicos
En la India, entre 1993 y 2006 alrededor de 150.000 campesinos se suicidaron. El modelo agrícola del algodón transgénico que Monsanto les impuso los endeudó y los hundió en una crisis económica, social y ambiental. En 1998 se lanzó la campaña "Monsanto sal de la India", con la que 10.000 personas enviaron mensajes a la empresa pidiéndole que salga del país. Ese mismo año, una alianza de organizaciones campesinas quemaron los campos experimentales donde Monsanto probaba su algodón transgénico.
En México, la campaña "Sin Maíz no hay País" rechaza firmemente al maíz transgénico, y aboga por la defensa del campo mexicano, la protección del maíz mexicano, la soberanía alimentaria y la reactivación del campo mexicano.
En Colombia, la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra, lanzó la campaña "Monsanto Mata", en denuncia del herbicida glifosato con el cual se fumigan las zonas rurales colombianas desde el inicio del Plan Colombia. Se propone el boicot a los productos de Monsanto, la formación y capacitación en cuanto a alternativas, y acciones concretas.
La "Red por una América Latina Libre de Transgénicos", lanzó una campaña para que se declare a la región Andina, centro de origen de la papa, libre de la papa transgénica. Cuando se solicitó la realización de pruebas con papa transgénica en Bolivia, los campesinos se opusieron con firmeza amenazando destruir las pruebas de campo. En 2000, se decidió retirar el proyecto de pruebas debido a la oposición que había generado.
"Terminar Terminator", la campaña que lucha contra esta tecnología suicida, se ha reactivado en Latinoamérica, organizando una gran movilización para la COP 9 en Alemania para que se mantenga la moratoria sobre las semillas Terminator y a la vez se establezcan prohibiciones nacionales a esta tecnología.
La "Campaña por un Brasil Libre de Transgénicos" viene luchando hace años contra la liberalización de cultivos transgénicos en Brasil. Se constituye de una red de organizaciones civiles y movimientos populares que buscan fomentar un debate amplio y democrático acerca de los transgénicos en la sociedad, lo cual todavía no se ha dado en Brasil.
En fin, son muchas las organizaciones que se han levantado en defensa de sus derechos, sus tierras y recursos, frente al avance de los transgénicos y los atropellos de empresas como Monsanto. Las consecuencias destructivas del modelo de agronegocios que defiende Monsanto ya son visibles y amenazan con seguir avanzando a costa del quebrantamiento de nuestros derechos sociales y ambientales.
En una era donde todo parece globalizarse, la alimentación de un pueblo es y seguirá siendo una cuestión local, vinculada a su cultura, su identidad y sus modos de producción.
Vivimos bajo un sistema donde el alimento ha devenido mercancía y las empresas como Monsanto han rebasado el límite de su ambición queriendo privatizar hasta la vida misma. Hoy en día, la alimentación se ha convertido en un arma peligrosa que las grandes potencias económicas y sus transnacionales están utilizando para tener bajo control a pueblos y naciones.
Frente a un modelo que pretende subordinar algo tan vital para la vida, como es la agricultura, a los capitales internacionales, nos urge dar batalla y hacer frente para defender nuestro patrimonio y nuestros derechos. Por eso, queremos hacer un llamado a toda la sociedad para informarnos y conformar redes de concientización acerca de la verdad y gravedad de los hechos. Preservar el maíz criollo y defender el campo mexicano es proteger la identidad, el alimento, la cultura y el futuro de todos y todas. www.ecoportal.net
* Gabriela Soriano y Mariela Zunino
Boletín, CIEPAC, San Cristóbal de las Casas, CHIAPAS; MEXICO.
Diciembre de 2007. "Chiapas al Día" No. 552 y 553. http://www.ciepac.org
Ligas de Campañas en el mundo:
Campaña Terminar Terminator http://www.banterminator.org
Campaña Sin Maíz No Hay País http://www.sinmaiznohaypais.org
Campaña "Millones Contra Monsanto" (Estados Unidos) http://www.organicconsumers.org/monlink.htm
Campaña "Soya para Hoy Hambre para Mañana" (Argentina) http://www.sojahambre.blogspot.com
Referencias
Biodiversidad en América Latina: http://www.biodiversidadla.org
Campaña Sin Maíz no hay País: http://www.sinmaiznohaypais.org
Greenpeace México: http://www.greenpeace/mexico
The Ecologist: http://www.theecologist.net/
Diario La Jornada: http://www.jornada.unam.mx
Centro de Noticias ONU: http://www.un.org
Ecoportal: http://www.ecoportal.net
Ban Terminator Campaign: http://www.banterminator.org
ETC Group: http://www.etcgroup.org
CorpWatch: http://www.corpwatch.org
"Monsanto y la guerra de las drogas en Colombia", Jeremy Bigwood, especial para Corpwatch
"Hijos del Agente Naranja. Las secuela de la guerra", Carlos Martínez, http://elmundosalud.elmundo.es/
"El Agente Naranja' de Monsanto y Dow Chemicals: Tres millones de vietnamitas fueron expuestos a la terrible sustancia", José Daniel Fierro, Rebelión.
"Monsanto y el pan nuestro de cada día", Vandana Shiva, http://www.elcorreo.eu.org/esp
"La Ley Monsanto", Luis Hernández Navarro,Martes 14 de diciembre de 2004, www.jornada.unam.mx
"Monsanto contra los campesinos", Alejandro Calvillo, Martes 8 de febrero de 2005, www.jornada.unam.mx
"México: caballo de Troya de los transgénicos en América Latina", Silvia Ribeiro, Sábado 27 de diciembre de 2003, www.jornada.unam.mx
"Los dueños del planeta: corporaciones 2005", Silvia Ribeiro, Sábado 31 de diciembre de 2005, www.jornada.unam.mx
"Monsanto: la mordida de los transgénicos", Alejandro Nadal, Miércoles 12 de enero de 2005, www.jornada.unam.mx
"Recuento de Hechos de la contaminación transgénica del maíz nativo en México", Ceecam 2004
"Los Organismos Genéticamente Modificados: Implicaciones para México Y Chiapas", Chiapas al Día, No. 165, 8 de agosto de 1999, CIEPAC.
"El Maíz Transnacional Contra la Soberanía Alimentaria de los Pueblos Indígenas", Boletín Chiapas al Día no. 258, Septiembre 2001, CIEPAC.
Página oficial de Monsanto, http://www.monsanto.com.ar/institucionales/mi_identidad.asp
"Monsanto: una historia manchada ¿Quién debe escoger nuestras tecnologías?", Brian Tokar, http://www.zmag.org
"El derecho de los pueblos a la Soberanía Alimentaria", Joao Pedro Stédile, http://www.aldearural.com
"Maíz y Biodiversidad: efectos del maíz transgénico en México", Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte.
"Los transgénicos en el mundo. Qué, quién, cuánto, cuándo, dónde y por qué", José Santamarta, Rebelión, 26 de febrero del 2004
"Transgénicos: El prontuario criminal de Monsanto", Fernando Glenza, Agencia Prensa Mercosur
"América para Monsanto: Decretos y leyes para secuestrar nuestra agricultura", Carlos A. Vicente, GRAIN
"Argentina: la soja, un mal augurio", Ann Scholl y Facundo Arrizabalaga, Red por una América Latina Libre de Transgénicos, boletín 244.
"Soja transgénica y crisis del modelo agroalimentario argentino", Miguel Teubal
"Maíz, contaminación transgénica y resistencia", Aldo González Rojas, http://www.ecoportal.net
"Maíz y biodiversidad: Efectos del maíz transgénico en México. Conclusiones y recomendaciones", Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte.
"Los Transgénicos", Equipo Maíz, El Salvador, Diciembre 2004.
Organizaciones de Estados Unidos, Canadá y otros países apoyan defensa del campo mexicano.
Más de 80 organizaciones de Estados Unidos, Canadá y otros países apoyan defensa del campo mexicano
14-12-07
Más de 80 organizaciones de Estados Unidos, Canadá, Francia, España, El Salvador y Costa Rica se unieron al llamado de la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano "Sin maíz no hay país y sin frijol tampoco ¡Pon a México en tu boca", para defender la soberanía alimentaria de México.
En una carta dirigida a autoridades de México, Estados Unidos y Canadá, las organizaciones firmantes se solidarizan con las demandas de los campesinos y organizaciones que exigen la revisión del TLCAN y que se proteja al campo mexicano y la importación de granos, con precios que no son competitivos para el mercado nacional.
7 de diciembre de 2007
A:
Lic. Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos
George W. Bush, Presidente de los Estados Unidos de América
Stephen Harper, Primer Ministro de Canadá
Lic. Eduardo Sojo Garza-Aldape, Secretario de Economía de México
Lic. Beatriz Leycegui Gardoqui, Subsecretaria de Negociaciones Comerciales de la Secretaría de Economía
Embajadora Susan Schwab, Office of the U.S. Trade Representative
David Emerson, Minister of International Trade of Canada
Ing. Alberto Cárdenas Jiménez, Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación
Charles Conner, Acting Secretary, U.S. Department of Agriculture
Gerry Ritz, Minister of Agriculture and of Agri-Food Canada
Senadora Rosario Green Macías, Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores
Senador Heladio Ramírez López, Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural
Senador Guillermo Padres Elías, Presidente de la Comisión de Agricultura
Senador Antonio Mejía Haro, Presidente del Grupo de Trabajo sobre TLCAN
Diputado Héctor Padilla Gutiérrez, Presidente de la Comisión de Agricultura
Diputado Carlos Navarro López, Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural
Maxime Bernier, Minister of Foreign Affairs, House of Commons of Canada
Helena Guergis, Secretary of State (Foreign Affairs and International Trade), House of Commons
Nancy Pelosi, Speaker of the U.S. House of Representatives
Harry Reid, Majority Leader of the U.S. Senate
Tom Harkin, Chairman of the U.S. Senate Committee on Agriculture, Nutrition and Forestry
Collin Peterson, Chairman of the U.S. House of Representatives Committee on Agriculture
Las organizaciones de la sociedad civil canadiense, estadounidense y mexicana abajo firmantes, escribimos en apoyo a las metas de todas las organizaciones de agricultores e indígenas mexicanos, para detener la liberalización del comercio agrícola que está destruyendo al campo mexicano, a las comunidades rurales, a los pueblos indígenas y a los campesinos, orillándolos al exilio económico. Apoyamos sus propuestas para reconstruir la agricultura mexicana, la soberanía alimentaria, y el desarrollo rural.
Todavía no es demasiado tarde para que los gobiernos de México, Canadá y Estados Unidos detengan la eliminación de tarifas arancelarias para el maíz blanco, el frijol, la leche en polvo y otros alimentos de la “canasta básica”, así como artículos de seguridad alimentaria para los hogares, que se llevará a cabo el 1ro de enero de 2008. Como han propuesto las organizaciones de agricultores e indígenas, el anuncio de la suspensión debe ir acompañado de un plan y un calendario para renegociar el capítulo agrícola del Tratado de Libre Comercio de América del Norte reconociendo que el aumento en el volumen comercial no ha producido la prosperidad orientada por el mercado para los agricultores y comunidades rurales de los países miembros del TLCAN. De hecho, la Unión Nacional de Granjeros de Canadá reportó en la conferencia “Lecciones del TLCAN” en octubre en Minneapolis, EEUU, que el ingreso de mercado de las granjas canadienses está en su punto más bajo desde la Gran Depresión y que la agricultura canadiense enfrenta una “bomba de tiempo generacional”, ya que la gran mayoría de los agricultores se acercan a la edad de retiro sin que haya suficientes granjeros jóvenes que los sustituyan.
Una propuesta del Gobierno mexicano para excluir todos los alimentos de la “canasta básica” de la liberalización bajo el TLCAN sería un primer paso para mejorar la capacidad de México para alimentarse a sí mismo. La exclusión de la “canasta básica” crearía demanda por productos mexicanos que ahora se satisface en parte con exportaciones de dumping norteamericanas. Apoyar la oferta nacional de alimentos básicos disminuirá sus precios, dando alivio de los drásticos incrementos en los precios de los alimentos, particularmente para la tortilla (misma que ha tenido un incremento de 738 por ciento desde 1994, mucho mayor a los aumentos salariales). La suspensión, en conjunción con apoyo del gobierno mexicano para modernizar la agricultura del país y con la participación de campesinos y productores indígenas, ayudará a revitalizar la agricultura y el desarrollo rural mexicanos. La revitalización rural mexicana reducirá la migración forzada de medio millón de exiliados económicos mexicanos que buscan sobrevivir viajando a los Estados Unidos anualmente, no obstante la militarización de la frontera entre México y Estados Unidos.
La respuesta actual del Gobierno mexicano y la industria a las fallas del TLCAN, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte (ASPAN) que se negocia y pone en práctica sin la participación de los legisladores, no se diga ya democrática, exacerbará el daño económico, ambiental y social que el TLCAN ha perpetrado.
Los abajo firmantes consideran que las políticas de las organizaciones campesinas e indígenas para reconstruir la agricultura mexicana y renegociar el TLCAN son pasos necesarios para dar prosperidad y seguridad verdaderas a nuestros países. Felicitamos a las organizaciones por su trabajo en apoyo a los agricultores mexicanos, los pueblos indígenas y el desarrollo rural. Esperamos encontrar nuevas formas para apoyar su lucha por la soberanía alimentaria, el comercio justo y equitativo, la agricultura sustentable y el desarrollo rural. www.ecoportal.net
Atentamente,
United States
Agricultural Missions, Inc.
Alliance for Democracy
Alliance for Responsible Trade
American Agricultural Movement
American Corn Growers
Campaign for Labor Rights
Center for Policy Analysis on Trade and Health
Center of Concern
Chicago Religious Leadership Network on Latin America
Church World Service
Coalition for Justice in the Maquiladoras
Committee for Social Justice in Colombia
Democratic Socialists of Central Ohio
The Development GAP
Family Farm Defenders
Food First
Food & Water Watch
Global Exchange
Grassroots International
Greater Kansas City Fair Trade Coalition
Holy Cross International Justice Office
Institute for Agriculture and Trade Policy
Institute for Policy Studies, Global Economy Project
International Labor Rights Forum
Labor – Religion Coalition of New York State
Maryknoll Office for Global Concerns
A Mid-Iowa Organizing Strategy
Mexico-U.S. Solidarity Network
Missionary Oblates of Mary Immaculate, Justice, Peace/Integrity of Creation Office, USA
Movement for Peace in Colombia
Minnesota Citizen Organized Acting Together (COACT)
Minnesota Fair Trade Coalition
NETWORK: A National Catholic Social Justice Lobby
New York City People's Referendum on Free Trade
National Campaign for Sustainable Agriculture
National Family Farm Coalition
National Hmong American Farmers, Inc.
National Lawyers Guild
Nicaragua Network
Oakland Institute
Ohio Conference on Fair Trade
Partners for the Land and Agricultural Needs of Traditional Peoples
Pesticide Action Network North America
Polo Democrático Alternativo-NYNJCT
Quixote Center/Quest for Peace
SHARE Foundation: Building a New El Salvador Today
United Church of Christ – Justice and Witness Ministries
Washington Office on Latin America
Wetlands Activism Collective
World Hunger Year (WHY)
Canada
Beyond Factory Farming Coalition
Common Frontiers
Council of Canadians
KAIROS: Canadian Ecumenical Justice Initiatives
Mouvement d'éducation populaire et d'action communautaire du Québec
National Farmers Union
Okanaga Greens
Québec Network on Hemispheric Integration
Saskatchchewan Organic Directorate
Stop the Hogs Coalition
International
Bharatiya Krishak Samaj (Indian Farmers' Organisation)
COECOCEIBA- Friends of the Earth (Costa Rica)
Council of Canadians London Chapter
Encuentro Popular / Alianza Social Continental (Costa Rica)
El Grupo de Trabajo de Agricultura y Comercio de Alianza Social Continental
Heifer International
Indian Society For Sustainable Agriculture And Rural Development
Mesa Global de Guatemala
Non Violence International (Program on the Americas)
Organización Fraternal Negra Hondureña
Red Internacional de Género y Comercio – Capítulo Latinoamericano
Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC)
Red Sinti Techan (El Salvador)
Solidarité (France)
Xàrxa de l'Observatori del Deute en la Globalització (Spain)
Individuals (institutional affiliation for identification purposes only)
Ana Esther Ceceña, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM
Nicolás Chango, Office of Indigenous Peoples and Nations of Ecuador in America (DEPIEA)
Donald B. Clark, Network for Environmental & Economic Responsibility United Church of Christ
George Gilson, MD; Anchorage, Alaska (U.S.)
Mustafa Koc, Department of Sociology, Ryerson University (Canada)
Rev. Charles Lord, Caney Fork Headwaters Association (U.S.)
Victor Menotti, International Forum on Globalization
Rev. Walter Stark, Cumberland Countians for Peace & Justice (U.S.)
Susan Thompson, Medical Mission Sisters Alliance for Justice
Marie-France and Manuel Arismendi
David Heap
Lorraine and Charles McNeill
Jorge Herrera
Humberto Ponce de León
Victor and Vilma Caxaj, for the Latin American Canadian Solidarity Association (LACASA)
London, Ontario, Canada
14-12-07
Más de 80 organizaciones de Estados Unidos, Canadá, Francia, España, El Salvador y Costa Rica se unieron al llamado de la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano "Sin maíz no hay país y sin frijol tampoco ¡Pon a México en tu boca", para defender la soberanía alimentaria de México.
En una carta dirigida a autoridades de México, Estados Unidos y Canadá, las organizaciones firmantes se solidarizan con las demandas de los campesinos y organizaciones que exigen la revisión del TLCAN y que se proteja al campo mexicano y la importación de granos, con precios que no son competitivos para el mercado nacional.
7 de diciembre de 2007
A:
Lic. Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos
George W. Bush, Presidente de los Estados Unidos de América
Stephen Harper, Primer Ministro de Canadá
Lic. Eduardo Sojo Garza-Aldape, Secretario de Economía de México
Lic. Beatriz Leycegui Gardoqui, Subsecretaria de Negociaciones Comerciales de la Secretaría de Economía
Embajadora Susan Schwab, Office of the U.S. Trade Representative
David Emerson, Minister of International Trade of Canada
Ing. Alberto Cárdenas Jiménez, Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación
Charles Conner, Acting Secretary, U.S. Department of Agriculture
Gerry Ritz, Minister of Agriculture and of Agri-Food Canada
Senadora Rosario Green Macías, Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores
Senador Heladio Ramírez López, Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural
Senador Guillermo Padres Elías, Presidente de la Comisión de Agricultura
Senador Antonio Mejía Haro, Presidente del Grupo de Trabajo sobre TLCAN
Diputado Héctor Padilla Gutiérrez, Presidente de la Comisión de Agricultura
Diputado Carlos Navarro López, Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural
Maxime Bernier, Minister of Foreign Affairs, House of Commons of Canada
Helena Guergis, Secretary of State (Foreign Affairs and International Trade), House of Commons
Nancy Pelosi, Speaker of the U.S. House of Representatives
Harry Reid, Majority Leader of the U.S. Senate
Tom Harkin, Chairman of the U.S. Senate Committee on Agriculture, Nutrition and Forestry
Collin Peterson, Chairman of the U.S. House of Representatives Committee on Agriculture
Las organizaciones de la sociedad civil canadiense, estadounidense y mexicana abajo firmantes, escribimos en apoyo a las metas de todas las organizaciones de agricultores e indígenas mexicanos, para detener la liberalización del comercio agrícola que está destruyendo al campo mexicano, a las comunidades rurales, a los pueblos indígenas y a los campesinos, orillándolos al exilio económico. Apoyamos sus propuestas para reconstruir la agricultura mexicana, la soberanía alimentaria, y el desarrollo rural.
Todavía no es demasiado tarde para que los gobiernos de México, Canadá y Estados Unidos detengan la eliminación de tarifas arancelarias para el maíz blanco, el frijol, la leche en polvo y otros alimentos de la “canasta básica”, así como artículos de seguridad alimentaria para los hogares, que se llevará a cabo el 1ro de enero de 2008. Como han propuesto las organizaciones de agricultores e indígenas, el anuncio de la suspensión debe ir acompañado de un plan y un calendario para renegociar el capítulo agrícola del Tratado de Libre Comercio de América del Norte reconociendo que el aumento en el volumen comercial no ha producido la prosperidad orientada por el mercado para los agricultores y comunidades rurales de los países miembros del TLCAN. De hecho, la Unión Nacional de Granjeros de Canadá reportó en la conferencia “Lecciones del TLCAN” en octubre en Minneapolis, EEUU, que el ingreso de mercado de las granjas canadienses está en su punto más bajo desde la Gran Depresión y que la agricultura canadiense enfrenta una “bomba de tiempo generacional”, ya que la gran mayoría de los agricultores se acercan a la edad de retiro sin que haya suficientes granjeros jóvenes que los sustituyan.
Una propuesta del Gobierno mexicano para excluir todos los alimentos de la “canasta básica” de la liberalización bajo el TLCAN sería un primer paso para mejorar la capacidad de México para alimentarse a sí mismo. La exclusión de la “canasta básica” crearía demanda por productos mexicanos que ahora se satisface en parte con exportaciones de dumping norteamericanas. Apoyar la oferta nacional de alimentos básicos disminuirá sus precios, dando alivio de los drásticos incrementos en los precios de los alimentos, particularmente para la tortilla (misma que ha tenido un incremento de 738 por ciento desde 1994, mucho mayor a los aumentos salariales). La suspensión, en conjunción con apoyo del gobierno mexicano para modernizar la agricultura del país y con la participación de campesinos y productores indígenas, ayudará a revitalizar la agricultura y el desarrollo rural mexicanos. La revitalización rural mexicana reducirá la migración forzada de medio millón de exiliados económicos mexicanos que buscan sobrevivir viajando a los Estados Unidos anualmente, no obstante la militarización de la frontera entre México y Estados Unidos.
La respuesta actual del Gobierno mexicano y la industria a las fallas del TLCAN, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte (ASPAN) que se negocia y pone en práctica sin la participación de los legisladores, no se diga ya democrática, exacerbará el daño económico, ambiental y social que el TLCAN ha perpetrado.
Los abajo firmantes consideran que las políticas de las organizaciones campesinas e indígenas para reconstruir la agricultura mexicana y renegociar el TLCAN son pasos necesarios para dar prosperidad y seguridad verdaderas a nuestros países. Felicitamos a las organizaciones por su trabajo en apoyo a los agricultores mexicanos, los pueblos indígenas y el desarrollo rural. Esperamos encontrar nuevas formas para apoyar su lucha por la soberanía alimentaria, el comercio justo y equitativo, la agricultura sustentable y el desarrollo rural. www.ecoportal.net
Atentamente,
United States
Agricultural Missions, Inc.
Alliance for Democracy
Alliance for Responsible Trade
American Agricultural Movement
American Corn Growers
Campaign for Labor Rights
Center for Policy Analysis on Trade and Health
Center of Concern
Chicago Religious Leadership Network on Latin America
Church World Service
Coalition for Justice in the Maquiladoras
Committee for Social Justice in Colombia
Democratic Socialists of Central Ohio
The Development GAP
Family Farm Defenders
Food First
Food & Water Watch
Global Exchange
Grassroots International
Greater Kansas City Fair Trade Coalition
Holy Cross International Justice Office
Institute for Agriculture and Trade Policy
Institute for Policy Studies, Global Economy Project
International Labor Rights Forum
Labor – Religion Coalition of New York State
Maryknoll Office for Global Concerns
A Mid-Iowa Organizing Strategy
Mexico-U.S. Solidarity Network
Missionary Oblates of Mary Immaculate, Justice, Peace/Integrity of Creation Office, USA
Movement for Peace in Colombia
Minnesota Citizen Organized Acting Together (COACT)
Minnesota Fair Trade Coalition
NETWORK: A National Catholic Social Justice Lobby
New York City People's Referendum on Free Trade
National Campaign for Sustainable Agriculture
National Family Farm Coalition
National Hmong American Farmers, Inc.
National Lawyers Guild
Nicaragua Network
Oakland Institute
Ohio Conference on Fair Trade
Partners for the Land and Agricultural Needs of Traditional Peoples
Pesticide Action Network North America
Polo Democrático Alternativo-NYNJCT
Quixote Center/Quest for Peace
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World Hunger Year (WHY)
Canada
Beyond Factory Farming Coalition
Common Frontiers
Council of Canadians
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Mouvement d'éducation populaire et d'action communautaire du Québec
National Farmers Union
Okanaga Greens
Québec Network on Hemispheric Integration
Saskatchchewan Organic Directorate
Stop the Hogs Coalition
International
Bharatiya Krishak Samaj (Indian Farmers' Organisation)
COECOCEIBA- Friends of the Earth (Costa Rica)
Council of Canadians London Chapter
Encuentro Popular / Alianza Social Continental (Costa Rica)
El Grupo de Trabajo de Agricultura y Comercio de Alianza Social Continental
Heifer International
Indian Society For Sustainable Agriculture And Rural Development
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Non Violence International (Program on the Americas)
Organización Fraternal Negra Hondureña
Red Internacional de Género y Comercio – Capítulo Latinoamericano
Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC)
Red Sinti Techan (El Salvador)
Solidarité (France)
Xàrxa de l'Observatori del Deute en la Globalització (Spain)
Individuals (institutional affiliation for identification purposes only)
Ana Esther Ceceña, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM
Nicolás Chango, Office of Indigenous Peoples and Nations of Ecuador in America (DEPIEA)
Donald B. Clark, Network for Environmental & Economic Responsibility United Church of Christ
George Gilson, MD; Anchorage, Alaska (U.S.)
Mustafa Koc, Department of Sociology, Ryerson University (Canada)
Rev. Charles Lord, Caney Fork Headwaters Association (U.S.)
Victor Menotti, International Forum on Globalization
Rev. Walter Stark, Cumberland Countians for Peace & Justice (U.S.)
Susan Thompson, Medical Mission Sisters Alliance for Justice
Marie-France and Manuel Arismendi
David Heap
Lorraine and Charles McNeill
Jorge Herrera
Humberto Ponce de León
Victor and Vilma Caxaj, for the Latin American Canadian Solidarity Association (LACASA)
London, Ontario, Canada
martes 18 de diciembre de 2007
LA RESISTENCIA
18 de diciembre de 2007 Número 3
La Jornada del campo
Luciano Concheiro Bórquez
Ante la noticia de que serían privatizadas las zonas arqueológicas de Machu Picchu y Chan Chan en el Perú, el escritor José Saramago dijo con una fuerte carga de ironía:
“Que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se privatice el sueño, sobre todo si es el diurno y con los ojos abiertos. Y, finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de una vez por todas su explotación a empresas privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la salvación del mundo (...) Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos.”
Como bien dice Saramago, la fiebre privatizadora invade todo, nos quiere restar los sueños, busca destruir implacablemente lo más íntimo de los seres y se plantea imponer el dominio total del mercado, y con ello condenar a la inmensa mayoría a la exclusión económica, social y cultural. En este sentido, acabar con el propósito justiciero de la Revolución Mexicana, vuelto reforma agraria, fue una precondición impuesta a México para negociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Se desató la fiebre privatizadora. Para ello se rompió el principal pacto social construido en la historia contemporánea; el gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari modificó el artículo 27 constitucional, y ahora pretenden rematar Felipe Calderón y sus huestes. Hace 15 años arrancó la contrarreforma agraria; se trataba de privatizar los ejidos y comunidades, y el botín no es menor, abarca más de la mitad de todo el territorio nacional, 101 millones 428 mil hectáreas. Pero en esta audaz acción que quiso tirar al basurero la historia del país, radica el principio del fin del corto reinado del neoliberalismo, la resistencia se ha impuesto en este caso sobre la supuesta lógica implacable del mercado vuelto TLCAN.
Privatización mínima. La insurrección zapatista del uno de enero de 1994 explícitamente denunció al TLCAN y los cambios al 27. Entonces, y hasta la fecha, se ha rebelado la abrumadora mayoría de los casi 4 millones de ejidatarios y comuneros de todo el país. De acuerdo con el Registro Agrario Nacional, al 30 de junio de 2005 sólo un millón 245 mil hectáreas, esto es menos del 1.23 por ciento de las tierras ejidales y comunales, habían solicitado el dominio pleno, paso anterior para ser propiedades privadas, pero a la vez poco más de 600 mil hectáreas de propiedad privada han pasado en los últimos años al régimen ejidal y comunal. Además, de la minúscula privatización 75 por ciento corresponde a seis estados del norte del país: Baja California, Coahuila, Sonora, Nuevo León, Baja California Sur y Tamaulipas.
Pero la resistencia no sólo fue rechazar la privatización de la propiedad social. Los ejidatarios y comuneros, al ser certificados por el famoso Procede, declararon poco más de 70 por ciento de todas sus tierras como “tierras de uso común”, lo que quiere decir que las ampararon de ser vendidas, las protegieron para las futuras generaciones.
La resistencia campesina parece negarse a la declaración del “fin de la historia”; ofrece una base territorial inmensa como fundamento de la soberanía alimentaria, referente de una democracia horizontal, de las autonomías, del municipio libre, de otro mundo posible en la diversidad cultural y biológica que caracteriza a México.
Profesor-Investigador UAM-Xochimilco
concheir@correo.xoc.uam.mx
La Jornada del campo
Luciano Concheiro Bórquez
Ante la noticia de que serían privatizadas las zonas arqueológicas de Machu Picchu y Chan Chan en el Perú, el escritor José Saramago dijo con una fuerte carga de ironía:
“Que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se privatice el sueño, sobre todo si es el diurno y con los ojos abiertos. Y, finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de una vez por todas su explotación a empresas privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la salvación del mundo (...) Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos.”
Como bien dice Saramago, la fiebre privatizadora invade todo, nos quiere restar los sueños, busca destruir implacablemente lo más íntimo de los seres y se plantea imponer el dominio total del mercado, y con ello condenar a la inmensa mayoría a la exclusión económica, social y cultural. En este sentido, acabar con el propósito justiciero de la Revolución Mexicana, vuelto reforma agraria, fue una precondición impuesta a México para negociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Se desató la fiebre privatizadora. Para ello se rompió el principal pacto social construido en la historia contemporánea; el gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari modificó el artículo 27 constitucional, y ahora pretenden rematar Felipe Calderón y sus huestes. Hace 15 años arrancó la contrarreforma agraria; se trataba de privatizar los ejidos y comunidades, y el botín no es menor, abarca más de la mitad de todo el territorio nacional, 101 millones 428 mil hectáreas. Pero en esta audaz acción que quiso tirar al basurero la historia del país, radica el principio del fin del corto reinado del neoliberalismo, la resistencia se ha impuesto en este caso sobre la supuesta lógica implacable del mercado vuelto TLCAN.
Privatización mínima. La insurrección zapatista del uno de enero de 1994 explícitamente denunció al TLCAN y los cambios al 27. Entonces, y hasta la fecha, se ha rebelado la abrumadora mayoría de los casi 4 millones de ejidatarios y comuneros de todo el país. De acuerdo con el Registro Agrario Nacional, al 30 de junio de 2005 sólo un millón 245 mil hectáreas, esto es menos del 1.23 por ciento de las tierras ejidales y comunales, habían solicitado el dominio pleno, paso anterior para ser propiedades privadas, pero a la vez poco más de 600 mil hectáreas de propiedad privada han pasado en los últimos años al régimen ejidal y comunal. Además, de la minúscula privatización 75 por ciento corresponde a seis estados del norte del país: Baja California, Coahuila, Sonora, Nuevo León, Baja California Sur y Tamaulipas.
Pero la resistencia no sólo fue rechazar la privatización de la propiedad social. Los ejidatarios y comuneros, al ser certificados por el famoso Procede, declararon poco más de 70 por ciento de todas sus tierras como “tierras de uso común”, lo que quiere decir que las ampararon de ser vendidas, las protegieron para las futuras generaciones.
La resistencia campesina parece negarse a la declaración del “fin de la historia”; ofrece una base territorial inmensa como fundamento de la soberanía alimentaria, referente de una democracia horizontal, de las autonomías, del municipio libre, de otro mundo posible en la diversidad cultural y biológica que caracteriza a México.
Profesor-Investigador UAM-Xochimilco
concheir@correo.xoc.uam.mx
lunes 17 de diciembre de 2007
TLCAN: la condena del campo
Editorial de La Jornada. 17 de diciembre de 2007.
La coalición de izquierda Frente Amplio (FA), la fuerza política gobernante en Uruguay, manifestó ayer su rechazo a la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, lo que constituyó un revés a las intenciones del presidente, Tabaré Vázquez, quien pretende lograr un acuerdo de apertura de mercados entre Washington y Montevideo.
Es de saludarse la postura del FA frente a la suscripción de un TLC con Estados Unidos: su negativa parte del reconocimiento de que la suscripción del acuerdo bilateral no resulta favorable para el desarrollo de Uruguay en sectores fundamentales como el agropecuario, toda vez que implicaría una competencia inequitativa entre los productores de la nación sudamericana y los de la más grande economía del planeta, que acabaría por destruir el entorno rural en ese país, como ha venido ocurriendo en México desde la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994.
El impacto del TLCAN sobre el campo mexicano es devastador, sobre todo en lo que respecta a la producción de maíz. Ese grano representa más de 60 por ciento de la producción agrícola nacional, ocupa un porcentaje similar de la superficie cultivada y constituye la única fuente de sustento de millones de personas. Sin embargo, con la entrada en vigor del TLCAN, las importaciones de maíz han aumentado en forma sostenida, y se ha obligado a los agricultores nacionales, prácticamente abandonados por la ineficiencia de los programas oficiales de ayuda al campo, a librar una batalla comercial injusta con los productores estadunidenses, que reciben fuertes subsidios del gobierno. Ello ha propiciado un abandono alarmante de ese sector: según un informe sobre desarrollo elaborado por el Banco Mundial (BM), en las últimas dos décadas la población campesina de México se ha reducido en 25 por ciento, aproximadamente, y ha decrecido de manera significativa el poder adquisitivo de las otras tres cuartas partes.
Para colmo, se vislumbra un nuevo golpe –acaso definitivo– para el agro mexicano en las próximas semanas: la eliminación de los aranceles a las importaciones de grano, prevista en el TLCAN para el año entrante, agudizará la situación económica de los productores mexicanos, lo que sin duda acrecentará el abandono del campo en proporciones presumiblemente trágicas y colocará al país entero ante la incertidumbre alimentaria por depender de la producción extranjera.
No es difícil imaginar, por cierto, que una buena porción de los campesinos desplazados por el TLCAN buscará emigrar a la nación vecina en busca de oportunidades de subsistencia. Todo parece indicar que, lejos de las promesas de progreso que expresaban los promotores del acuerdo regional, durante los pasados 13 años se ha preparado el desfonde del campo mexicano, dejándolo en las peores condiciones posibles de cara a la competencia en el mercado internacional.
En suma, ha quedado claro que el TLCAN, desde su concepción, representó un acuerdo inequitativo y contrario a los intereses y las necesidades del conjunto de la población. Los representantes populares debieran retomar el ejemplo que, desde Uruguay, ha planteado el FA, y atender a los diversos sectores de la sociedad mexicana que exigen una revisión de ese convenio para evitar que avance el abandono del campo, así como la migración y la descomposición del tejido social que conlleva.
domingo 9 de diciembre de 2007
Acciones sociales por el maíz y el frijol
Acciones sociales por el maíz y el frijol
Gabriel León Zaragoza
La Jornada.domingo 9 de diciembre de 2007 → Cultura → Acciones sociales por el maíz y el frijol
Ante el desdén de los poderes Ejecutivo y Legislativo por retirar el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), las 300 organizaciones integrantes de la campaña nacional en defensa de la soberanía alimentaria y la reactivación del campo mexicano comenzarán mañana, en el zócalo capitalino, cinco jornadas de ayuno en defensa de la independencia alimentaria.
A 21 días de la unificación total del mercado mexicano con el de Estados Unidos y Canadá (excepto la fuerza del trabajo), los convocantes manifestarán la necesidad de retirar del acuerdo comercial al maíz y el frijol, y por el establecimiento de un sistema permanente de importación para el maíz blanco y la leguminosa.
Además, seguirán con la campaña de colecta de firmas para retirar el apartado agropecuario, que serán entregadas al Congreso de la Unión al término de las jornadas de ayuno. Éstas forman parte de la campaña nacional “Sin maíz no hay país, sin frijol tampoco. ¡Pon a México en tu boca!”; a esta actividad se sumarán organizaciones campesinas, sociales, políticas y sindicales, así como intelectuales y artistas.
El lunes, representantes de 15 frentes campesinos comenzarán el ayuno. A las 11 horas, los convocantes presentarán un documento que informará de las afectaciones que sufrirá el campo nacional a raíz del TLCAN.
También fijarán su postura ante al gobierno federal y los legisladores, que mostraron “poca disposición y sensibilidad política a los campesinos en la negociación que se dio en el Congreso”.
Entre el miércoles y el jueves habrá un foro de intelectuales y especialistas sobre la importancia del maíz en México, la pérdida de la soberanía alimentaria y la nación como centro de origen de esta planta madre. Asistirá el especialista Steve Suppan, del Institute for Agriculture and Trade Policy, quien presentará una carta de apoyo de organizaciones de agricultores estadunidenses y canadienses. Laura Hernández y Jorge Witker, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, darán a conocer los argumentos legales que permitan revertir el capítulo agropecuario del TLCAN. www.sinmaiznohaypais.org
Gabriel León Zaragoza
La Jornada.domingo 9 de diciembre de 2007 → Cultura → Acciones sociales por el maíz y el frijol
Ante el desdén de los poderes Ejecutivo y Legislativo por retirar el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), las 300 organizaciones integrantes de la campaña nacional en defensa de la soberanía alimentaria y la reactivación del campo mexicano comenzarán mañana, en el zócalo capitalino, cinco jornadas de ayuno en defensa de la independencia alimentaria.
A 21 días de la unificación total del mercado mexicano con el de Estados Unidos y Canadá (excepto la fuerza del trabajo), los convocantes manifestarán la necesidad de retirar del acuerdo comercial al maíz y el frijol, y por el establecimiento de un sistema permanente de importación para el maíz blanco y la leguminosa.
Además, seguirán con la campaña de colecta de firmas para retirar el apartado agropecuario, que serán entregadas al Congreso de la Unión al término de las jornadas de ayuno. Éstas forman parte de la campaña nacional “Sin maíz no hay país, sin frijol tampoco. ¡Pon a México en tu boca!”; a esta actividad se sumarán organizaciones campesinas, sociales, políticas y sindicales, así como intelectuales y artistas.
El lunes, representantes de 15 frentes campesinos comenzarán el ayuno. A las 11 horas, los convocantes presentarán un documento que informará de las afectaciones que sufrirá el campo nacional a raíz del TLCAN.
También fijarán su postura ante al gobierno federal y los legisladores, que mostraron “poca disposición y sensibilidad política a los campesinos en la negociación que se dio en el Congreso”.
Entre el miércoles y el jueves habrá un foro de intelectuales y especialistas sobre la importancia del maíz en México, la pérdida de la soberanía alimentaria y la nación como centro de origen de esta planta madre. Asistirá el especialista Steve Suppan, del Institute for Agriculture and Trade Policy, quien presentará una carta de apoyo de organizaciones de agricultores estadunidenses y canadienses. Laura Hernández y Jorge Witker, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, darán a conocer los argumentos legales que permitan revertir el capítulo agropecuario del TLCAN. www.sinmaiznohaypais.org
El máiz y la identidad

El maíz es una invención humana colectiva iniciada en Mesoamérica. Sin la mano del hombre, sin su capacidad creativa, no existiría. Es producto del conocimiento, el trabajo, la pasión y la curiosidad de millones de productores. Según Octavio Paz, “el invento del maíz por los mexicanos, sólo es comparable con el invento del fuego por el hombre”.
Si el maíz es la columna vertebral de la producción campesina, la pervivencia de su siembra y de sus usos culinarios dan cuenta de que la defensa de la identidad campesina es también el resguardo del sustento de la vida.
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